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El
Niño Yuntero
Rodrigo
volvió otro día a la carga con las preguntas:
—Don Ignacio, me ha dicho mi papá que debo estudiar mucho porque estoy
tan flaco que ningún chico me respeta y todos me buscan pelea. Es raro el día
que no termino con alguna magulladura de revolcarme en el suelo peleando. Dice
que sólo conseguiré su respeto si sé más que ellos.
—Tu padre te ha dicho palabras sabias. Todos los días, a solas, debes
repetirte a ti mismo: «Conocimiento es poder». En tu situación, ese es tu único
camino, Rodrigo.
—Y si estudio mucho ¿Podré alguna vez tener mucha comida, ropa buena y
zapatos y una buena casa con agua caliente en invierno?
—Sí, seguro que tendrás todo eso si estudias, te lo aseguro.
—Don Ignacio, no entiendo los Misterios de la Santa Madre Iglesia ¿Podría
usted ayudarme?
—¿Pero qué dices? ¿Cómo se te ocurren esas cosas?
—Es que no comprendo nada.
—Por eso son Misterios, son dogmas y no es necesario entenderlos. Sólo
hay que aceptarlos con fe.
—¿Tengo que tener fe en algo que no comprendo?
—Exactamente. Cuando se abraza una religión se acepta con todos sus
dogmas. Por otra parte, lo que a mí me corresponde enseñarte es el
conocimiento. A la Iglesia, al Cura, le toca enseñarte la religión, no a mí.
—Entonces ¿Puedo preguntárselo al Cura?
—Pues hombre, como poder sí puedes, pero no te lo aconsejo. No lo hagas
o te ganarás una buena reprimenda y, además, en el futuro desconfiará de ti y
tendrás problemas con él. La religión es un sentimiento, se acepta y nada más.
Por otra parte no te van a enseñar nada malo pues todas las religiones enseñan
el bien.
—Mi
padre no encuentra trabajo porque es rojo y estuvo preso ¿Ser socialista es
también un sentimiento?
—Eres una máquina de hacer preguntas, Rodrigo. Sí, vivir con un ideal
también es un sentimiento.
—En una explicación anterior usted me dijo que los conservadores son de
derechas porque no quieren perder sus privilegios y que los progresistas son de
izquierdas porque desean cambios que mejoren su condición de pobreza. Entonces,
¿El que tiene dinero es de derechas y el que no lo tiene es de izquierdas?
—No. Por eso temía explicarte algo que es demasiado complejo para tu
edad. No es así de simple. Hay personas con dinero que son solidarias con sus
semejantes, pagan salarios justos y no son explotadores. Hay socialistas con
dinero. Y también hay pobres que por ignorancia o por imitar a los ricos son de
derechas. De los pobres de derechas, clase media venida a menos, se nutre el
fascismo. Esto es así porque al haber perdido su antiguo nivel de vida, no
quieren perder también los símbolos de su antigua condición de clase media
pudiente. Por eso los planes económicos que atentan contra la clase media son
fomentadores de fascismo.
—Gracias, Don Ignacio. Nunca le he podido pagar sus clases ¿Cuándo
podré hacerlo?
—Somos amigos. Nunca te aceptaré nada material. Sólo quiero que se te
rompa esa mala racha que llevas y que progreses en la vida porque verdaderamente
te lo mereces. Ya es un milagro que habiendo pasado por todas las calamidades
que has pasado y que estás pasando, te conserves animoso y con ganas de
aumentar tus conocimientos. Otro chico menos fuerte que tú ya sería un
delincuente.
—Eso sí que no. Mi padre me ha enseñado a no apropiarme de lo que no
es mío y a compartir lo poco que tenga con quien tenga menos. Y también me ha
enseñado a tener la dignidad de no apelar a la caridad. Trato de salir adelante
con mi esfuerzo.
—Pues lo vas a lograr, estoy seguro. Y tu padre tiene mucho mérito pues
aunque no consiga trabajo para tenerte mejor, al menos te ha dado una buena
educación. Y prepárate porque pronto vas a dejar esas noveluchas del oeste
americano y te voy a prestar libros buenos. Pero la lectura debe ser con
un plan progresivo. Así como no puedes estudiar tercer grado antes que
el segundo, así sucede con las lecturas. Cada libro a su tiempo. Así te será
todo más comprensible y no te confundirás.
El viejo maestro miraba a Rodrigo y pensaba tristemente en el niño
yuntero de Miguel Hernández:
«...empieza a sentir y siente
la vida como una guerra
y a dar fatigosamente
con los huesos en la tierra.
Me duela este niño hambriento
como una grandiosa espina
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina...»
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