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Malos
Presagios —Luis,
venga usted para acá ¿Cómo va el sexo con la Felisa? _preguntó Jesús. —Pues
mire usted, Don Jesús, precisamente iba a decirle que durante una semana lo
hice todos los días y le estoy muy agradecido pero anoche no pude. —Bueno,
hombre, es que todos los días es demasiado y tampoco conviene abusar. La
naturaleza es sabia y le quita el deseo de vez en cuando para que usted recupere
las fuerzas y no se enferme. Pero de todas maneras olvidé decirle que cuando se
acostumbra uno a la pastilla y se hace adicto, hace menos efecto. Ahora por una
semana no se la voy a dar pero tienen que seguir acostándose desnudos y
abrazados y diciéndose cosas cariñosas. Seguramente lo podrán hacer sin
pastillas que es mejor. —Gracias,
Don Jesús, es usted como un hermano mayor para mí. Nos ha cambiado la vida a
mi Felisa y a mí. —¿Usted
tiene hermanos? _preguntó «el probeta» —No
señor, Don Jesús. —Y
si tuviera un hermano y él no contara con dos pesetas ¿Lo convidaría a un café?
—Desde
luego que sí _replicó el camarero. —Bueno,
pues acepto nuestra hermandad. Somos hermanos y no tengo un duro. —¡Marche
un café bien caliente y bien cargado para Don Jesús! _pidió Luis «el corto»
—Si
fueras católico practicante tendrías que confesarte las pequeñas maldades que
le haces al pobre Luisito _le dijo Javier. —Espero
que nunca llegues a juez pues eres bastante burro para juzgar a la gente. Quiero
mucho a ese humilde camarero y sería incapaz de hacerle una maldad. Para que lo
sepas, en propinas le llevo dado cien veces más de los pocos cafés que no me
cobra. Luisito se hace el simple pero es más listo que todos vosotros. Lo que
ocurre es que yo no hago alharaca cuando ayudo a Luis. A veces no es lo que das,
es cómo lo das. Puedes dar humillando y envileciéndote o dar respetando y
ennobleciéndote. Pero que sabéis vosotros de nobleza, bellacos ¡Voto a bríos
que sois de lo más plebeyo que existe! Hablaros a vosotros de nobleza es como
darles de comer flores a los cerdos. Y hablando de otra cosa, dime, Javier, ¿Sigues
queriendo presentarte a las oposiciones a judicatura? _le preguntó Jesús. —De
algo tengo que vivir, ya que estoy en el baile tengo que bailar. —No
vivas de juzgar a tus semejantes. Déjale eso a quienes siempre duermen bien. Tú
no sirves. —Pero
si ejerzo de abogado necesitaré años para empezar a ganar unas pesetas. —Es
que tampoco sirves para abogado. No sabéis elegir una carrera que esté de
acuerdo con vuestro carácter. He leído tus últimos poemas. Son de lo mejor.
Si en vez de llevar tu firma que no conoce nadie, estuvieran firmados por un
poeta ya consagrado, a estas horas tus poemas estarían en los comentarios
elogiosos de todo el ámbito literario español. Sácate de encima la modestia,
la humildad y la timidez que son un pesado lastre y lánzate agresivamente al
mundo de las letras. —¿Y
cómo vivo? ¿Qué me aconsejas que haga? _preguntó ansioso Javier. —Con
tu título de abogado no te será difícil conseguir algún empleo
administrativo o docente que te asegure las lentejas, aunque sea modestamente, y
que te deje algún tiempo libre para crear. Y dedícate en cuerpo y alma a
escribir que es lo que haces bien. Sacúdete el pudor de escritor novel y actúa
con audacia. Presenta tus poemas en cuantos concursos y juegos florales haya en
España. Junta todo lo que tienes escrito que no es poco, ordénalo y comunícate
con todas las editoriales. Lucha, hombre, que sin luchar no se consigue nada. Todos
asintieron y aprobaron las recomendaciones de Jesús «el probeta» que por
cierto estaba cada día más calvo, y éste continuó: —Es
curioso lo que ocurre con los poetas. Están indefensos como criaturas para
enfrentarse a la vida. Eres intelectualmente muy superior a todos nosotros;
aunque te distraes mucho, no te concentras. Sin embargo un mediocre concentrado
no es superior a un sabio distraído. Pero si eres un intelectual _y yo creo que
lo eres_ tienes que asumirte como tal. Un intelectual no es un bobito
ensimismado y encerrado en su cascarón. Tienes que abrirte al mundo,
comprometerte, crear opinión. Tienes que cambiar porque si no cambias no
creces. La actitud budista de encerrarse en sí mismo es negativa pues sólo
busca salvarse él sólo. Además, ser budista debe ser muy aburrido. Un
intelectual es inconformista, polemista. Y por cierto que no sólo haces poesía
de alto nivel sino que también eres muy bueno con la pintura. Pero o sales al
mundo o te voy a dar una patada en el culo que te voy a sacar yo. No hay muchas
razas humanas, sólo hay una, y está dividida en dos partes; los inteligentes y
los que no lo son. Aprovecha que eres un privilegiado. Mi suegro está en la
Junta Directiva del Casino. Le voy a pedir que te inviten a dar una conferencia
sobre literatura, o sobre pintura o sobre cualquier tema cultural. Iremos todos
y será tu lanzamiento pues te aplaudiremos como locos. Los casinos tienen
comunicación entre sí y luego puedes dar la misma conferencia en otros Casino
de la provincia. Puede ser un principio. Así
era Jesús «el probeta», preocupado por todos sus amigos, delicado o enérgico
según cada ocasión y, desde luego, mal hablado, lenguaraz; no podía hilvanar
dos frases sin carajearlas tupidamente. Podía actuar como una alada bailarina
de ballet que pisa apenas rozando el piso en puntas de pie o arrollar y
atropellar brutamente como un elefante en medio de valiosa cristalería. Hubo
en la tertulia unos momentos de silencio pensando en lo que había dicho Jesús,
cuando Vicente que andaba preocupado por su futuro casamiento sin tener un duro
ahorrado, reflexionó en voz alta: —A
veces me gustaría poder saber qué será de cada uno de nosotros en el futuro. —Para
mí sería muy fácil adivinar vuestro futuro sin dificultad alguna _dijo «el
probeta»_ Os conozco tanto a cada uno de vosotros que no me equivocaría en
casi nada. —Hombre,
eso sería muy interesante ¿Te animarías a leernos la mano?
—No.
Sabéis que no sé mentir y alguno puede enfadarse seriamente. Sois mis amigos,
los únicos que tengo, y no arriesgaré nuestra amistad con opiniones que os
puedan dejar resentidos conmigo. —Pues
ya has ido demasiado lejos _dijo Vicente_ lo someteremos a votación y si hay
consenso tendrás que pronosticar nuestro futuro ¿Qué votamos muchachos? Y
hubo unanimidad en que Jesús «el probeta» hiciera futurismo. Pero Jesús
estaba triste y extrañamente melancólico. —No
quiero hacerlo hoy. Tal vez otro día, hoy no estoy bien. —Lo
queremos ahora _insistieron todos. —Como
queráis ¿Por quién empiezo? _preguntó Jesús. —Por
quien tú quieras _dijo Vicente. —Bueno,
pues empiezo contigo mismo, Vicente, mi querido adversario en las polémicas. Te
vas a casar pronto, será un matrimonio feliz y tendréis hijos hermosos porque
os casáis muy enamorados y los hijos del amor son siempre hermosos. El puesto
de frutas no andará bien. Te buscarás un trabajo lejos de Orihuela y tal vez
después de unos años regreses otra vez a vivir aquí una vejez tranquila.
Nunca tendrás un puñetero duro, no progresarás pues no eres adulador ni te
inclinas ante nadie. Perteneces a la noble estirpe de los hombres solidarios. Te
compadeces del hombre y esa condición es un pasaporte seguro hacia la pobreza.
Pero será una pobreza digna. Resumiendo, serás feliz pero siempre vivirás
modestamente. Se
quedó pensativo Jesús como si esperase algún comentario de Vicente pero éste
no dijo nada. Así que continuó: —Tú,
Javier, tampoco harás dinero ni harás nada para que tu arte trascienda fuera
de Orihuela. Conseguirás un empleo administrativo, te casarás con una buena
mujer que te admirará, te cuidará y respetará tu santuario creativo. Tendrás
una vida tranquila, nada tumultuosa, y tu exceso de pudor impedirá que tu obra
de poesía y pintura salga de lo local. Tampoco
Javier dijo nada. —Rodrigo
es un luchador nato. Con los Jesuitas no llegará a nada ni con la Obra Social
tampoco. Después que se canse de que se aprovechen de su trabajo y lo expriman
como un limón, se irá lejos de Orihuela y trabajará en alguna gran empresa.
Tiene condiciones para llegar a ejecutivo número uno, presidente o director,
pero nunca lo logrará. Llegará a ser jefe de algo, un gerente intermedio, y
vivirá holgadamente pero ni soñar con llegar a gran ejecutivo. Pertenece a la
misma raza de Vicente, los solidarios, los incapaces de progresar haciéndose
los duros con sus subordinados. Los que no adulan ni inclinan la cerviz ante
nadie. Siguió
el silencio: —Osvaldo,
el querido «pibe» que tanto me pelea, será muy rico. Su padre es un buen
carpintero pero un inútil total para los negocios. Se vino de la Argentina en
el peor momento que se vivía en España. No sabe oler el dinero. Pero «el pibe»
sí. Cuando falte su padre, ampliará el taller, tomará más empleados, hará
carpintería de grandes obras y se llenará honradamente de dinero. Nadie
dijo nada: —Julián
será un excelente economista liberal y puro y un gran ejecutivo. Será nombrado
presidente de alguna empresa porque es ambicioso y tiene espíritu de revancha
con la vida por todo lo que su madre regó en crudas noches de invierno.
Pertenece a la raza de los hombres individualistas, insolidarios, y ascenderá
como la espuma y hará millones despidiendo a todo aquel que sea necesario
despedir sin importarle si tiene familia numerosa o no. Su madre no regará más
pero va a mandar a regar a las madres de centenares de trabajadores a los que
dejará cesantes sin remordimiento alguno. Su vida se regirá por la
rentabilidad, la eficacia y la eficiencia, no por los sentimientos. Se
hizo un momento de silencio tenso y Julián dijo: —Si
tengo que mandar a regar al mundo entero para que mi madre no lo haga, no dudes
que lo haré sin pensarlo ni un momento. —Si
no hubiera otra alternativa más que tu madre o el resto del mundo, tu posición
sería comprensible. Ojalá pudieras conciliar que tu madre no riegue con las
necesidades de los empleados y obreros que dirijas. Pero veo mucho rencor en tu
alma. Y no te conformarás con ganar lo suficiente, siempre querrás más. Pero
no te olvides nunca que si un hombre con familia numerosa se pega un tiro por
perder el sustento de su familia, no es él quien apretó el gatillo. Lo hace el
que lo despidió. Tú verás sí puedes vivir con eso _terminó Jesús. —¿Y
yo? _preguntó Tomás.
—He
dejado para el final a Tomás sobre el que tengo malos presagios. Es el mejor
ser humano de todos nosotros. Por sus venas corre sangre noble. Puede ser el
mejor médico de España, pero tengo serias dudas que lo logre. Se ha enamorado
de una mujer imposible y como lo conozco sé que no abandonará su propósito de
aspirar a ella. Lo más sensato sería que renunciara a ese amor, pero no lo hará.
Tomás no hace lo más sensato sino lo que él cree que debe hacer. Como el
padre de la chica es un falangista pistolero y bruto que jamás lo aceptará, el
futuro de Tomás no es posible predecirlo. —¿Y
tú, Jesús, cuál es tu futuro? _preguntó irónicamente Vicente. Jesús
«el probeta» se quedó callado un momento y su cara adquirió un aspecto sombrío:
—Yo
moriré joven; muy pronto. _sentenció Jesús. —¿Pero
qué decís, boludo? ¿Qué te venís vos a hacer el interesante con una macana
tan grande? _le reprochó «el pibe» a Jesús. —Lo
que habéis oído. Moriré joven y lo único que me desespera es que no sea
demasiado pronto pues quiero ver crecer algo a mi hijo. _dijo Jesús. —¿Pero
de dónde sacas esa barbaridad? _preguntó Vicente. —Yo
me conozco. Soy intuitivo. He tenido sueños y visiones. He recibido avisos. Sé
que voy a morir pronto aunque no os pueda explicar cómo lo sé. Pero por favor,
no vayáis a comentarle algo a mi mujer. —No
te preocupes, Jesús, eso es una de tus payasadas aunque esta vez te has pasado.
_dijo Vicente_ Parece mentira que un hombre tan racional como tú, que te ríes
de todas las supersticiones, te pongas a dar crédito a sueños y visiones. Y
por tu hijo no te preocupes _continuó Vicente queriéndolo pelear para
animarlo_ se parecerá a su madre y no a ti; será un chico estupendo. —Ojalá
tengas razón, Vicente, ojalá se parezca a su madre _dijo Jesús tristemente.
_Será mejor que yo y no sufrirá tanto. De todas maneras es una crueldad traer
niños a este cochino mundo en el que triunfan los peores. Las
palabras de Jesús «el probeta» tenían todas las características de una
despedida y quedaron todo sumamente preocupados y pensativos. Jesús «el
probeta» lucía extrañamente pálido.
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