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La
Vuelta a los Puentes Decidieron
castigar a Luis «el corto» para que no protestara más cuando le pidieran un
café fiado. Se sentaron los siete amigos y enseguida vino el camarero a
preguntar: —¿Qué
van a tomar, muchachos, el cafecito de costumbre? —No,
_dijo Julián_ yo no tengo dinero hoy, así que no tomaré nada. ¿Crees que me
permitirá el dueño estar aquí sentado sin tomar nada? —Sí,
hombre, eres un cliente, _replicó Luisito_ no pasa nada si no tomas algo un día.
¿Y vosotros, chicos? Todos
movieron negativamente la cabeza y dijeron que no tenían dinero ni para un café.
Luis no sabía cómo reaccionar. —Bueno,
por un día más que les fíe no me voy a arruinar. Vamos, ¿Quién quiere un
café fiado? Nadie
respondió. Luisito estaba al borde del llanto, se le humedecieron los ojos y
balbuceó: —Vamos
muchachos, no me hagáis esto. ¿No somos amigos? ¿Me lo hacéis a propósito
para joderme? Yo os respeto, os quiero y estoy orgulloso de ser vuestro amigo.
Gracias a las cosas que me habéis enseñado soy el alcalde del barrio y gracias
a las píldoras de Don Jesús somos felices mi Felisa y yo. Y también gracias a
Don Jesús se curó mi hijo. ¿Qué les he hecho de malo? —Mucho,
_le respondió Vicente_ cada café que te pedimos fiado sales caminando entre
las mesas voceando que estás harto de fiarnos. Nos humillas y no queremos un
café humillante. —Bueno,
muchachos, os pido perdón, no lo haré más. Es que como siempre estáis de
broma, yo a veces os sigo la broma. Además ocurre que el patrón no me fía a mí.
Si le pido cien cafés al día, tengo que pagarle los cien cafés. Soy yo
personalmente quien se queda con la deuda. A veces me debéis treinta cafés
entre vosotros siete, más otros tantos que me deben otros clientes, cuando voy
a cobrar mi salario no me queda ni un duro para llevarle a la Felisa. —¿Cómo?
_preguntó alarmado Jesús «el probeta»_ ¿No nos fía el patrón? ¿Es usted
quién asume las deudas? Por Dios, Luis, no lo sabíamos. Perdónenos usted, le
juro que no lo sabíamos. Tiene toda la razón. Quédese tranquilo, en adelante
no dejaremos que la deuda sea grande. Nos tendría que haber dicho eso antes. —Es
que el patrón no quiere que lo divulgue. No digan que se lo comenté o me
despide. —No,
hombre, tranquilo. Nosotros lo queremos mucho _le dijo Jesús_ Límpiese esas lágrimas
y traiga siete cafés. Aquí tiene tres duros; la peseta que sobra para usted. Y
cuando nos fíe, baje el volumen de sus protestas. No tenemos un duro pero nos
tiene que tratar como caballeros. Los
siete amigos eran noctámbulos empedernidos, enamorados de las estrellas, amigos
de la penumbra y las sombras alargadas de los faroles. La noche los alentaba a
la confidencia. Orihuela es hermosísima de noche y si el río Segura no huele
mal, llegan aromas del azahar de los naranjos. De vez en cuando abandonaban un
rato antes el Café Colón y daban vueltas a los dos puentes, Calle San Pascual,
Puente de Poniente, calle Mayor, calle Loaces, Puente de Levante y otra vez
calle de San Pascual. O bien daban un paseo hasta la Estación entre los
jardines perfumados de la Glorieta. Se hablaba de todo, a veces muy seriamente,
a veces bromeando, pero incluso cuando se bromeaba se decían agudezas
interesantes. Estaban tan hermanados que habían formado una piña solidaria. La
alegría o la pena de uno era la alegría o la pena de todos. Los unía una
amistad entrañable ¡Qué palabra hermosa, la amistad! Jesús «el probeta»
había sido aceptado como el líder natural. Ya había terminado la carrera
universitaria, se había casado bien y amaba a su gordita, era el mayor, el más
decidido y además tenía la autoridad patriarcal de su calvicie. Ya se ha dicho
que rechazaba los espejos así que desconocía que a sus 32 años era un joven
muy atractivo debido a su expresión inteligente y a su mirada mansa pero
penetrante. Viéndole dar órdenes al casero de su suegro, parecía haber sido
el dueño de todo desde que nació. No tenía nada de esa timidez propia del
advenedizo. Dominaba toda la escena con naturalidad y las personas se le sometían
mansamente sin que él hiciera nada por lograrlo ni buscarlo. Poseía una visión
exaltada de las cosas, como si estuviese permanentemente en estado febril. Tenía
una vasta cultura; no una cultura memorizada ni una erudición aburridamente
enciclopédica sino una cultura analítica proveniente de lecturas
seleccionadas, de la comparación de opiniones ajenas con las suyas propias. Y
todo lo filtraba humanísticamente a través de un sentido del humor que no
respetaba prohibiciones ni censuras. Siempre repetía que lo que más gracia le
había hecho de los clásicos españoles, era que a las ganas de fornicar le
llamara Lópe de Vega, con exquisita delicadeza, «dejarse llevar por la natural
inclinación». A veces los amigos le llamaban Maestro. Jesús
«el probeta» decía que a quien las cosas materiales le son indiferentes está
cerca de la paz interior y que cuando impera la sinrazón hay que evadirse de la
realidad y entregarse a la fantasía. Tenía ese tipo de reflexiones filosóficas.
No se autotitulaba socialista o comunista. Se decía humanista. Su ideología
implicaba, sobre todo, la compasión por los hombres y un pacifismo a ultranza.
Decía que era epicúreo y se refería a Epicuro como al más incomprendido y
calumniado de los hombres. A
Epicuro lo habían acusado de disoluto cuando era todo lo contrario, predicaba
los placeres pero con moderación pues los placeres sin moderación dejan de ser
placeres y se convierten en adicciones perniciosas que esclavizan al hombre. Jesús
despreciaba el dinero y todas las bajezas que se cometían en su nombre. Cuando
se enfurecía ante una injusticia, ni Dios ni Franco lo podían hacer callar. Sólo
Tomás ejercía una rara influencia tranquilizadora sobre «el probeta» ¿Sería
esto la santidad? _se preguntó una vez Jesús_. Amaba a aquel joven porque su
bondad era auténtica, no la bondad simulada de los santurrones. Y detrás de su
aspecto, siempre con gesto adusto, Jesús «el probeta» era el ser más cariñoso
de la tierra. Su esposa, su «gordita» como él le decía amorosamente,
Matilde, sólo ella había sabido descubrir la nobleza interior de Jesús y
adoraba a su esposo hasta la exaltación. Paseaban
dando vueltas a los puentes y entraron a la panadería del Riacho a las tres de
la mañana a comer un pan caliente, recién horneado, con aceite de oliva. Un
manjar exquisito. Y continuaron después el paseo bajo las estrellas y una luna
llena. —Admiro
a la gente que tiene convicciones firmes y se fija metas _comentó Vicente_. A mí
me resulta imposible ¿Cómo voy a fijarme metas si soy perezoso hasta para
vivir el día a día? Sólo me apetece tumbarme en la cama a leer un buen libro.
Podría vivir toda mi vida en la cama. Si me gustara escribir estaría jodido
porque en la cama es muy incómodo escribir, pero como sólo me gusta leer podría
renunciar a todo y que me dejaran acostado con mis libros junto a una ventana
que se vea de cerca el mar. Ahora mismo, lo juro, firmaría un contrato para
vivir así el resto de mi vida. —Eso
lo entiendo _dijo Jesús_ lo que no entiendo es que alguien quiera ser abogado
para lucrar con los problemas de la gente. —Hombre
_se defendió Javier_ con ese criterio también el médico lucra con la
enfermedad. —Efectivamente,
la única profesión decente es la de puta. Siempre lo digo _afirmó Jesús. —Peor
que ser abogado es ser economista _comentó Rodrigo_ El pecado seguramente fue
inventado por un economista fabricante de ropa. Habrá hecho creer a la gente
que ir desnuda es pecado y se forró vendiendo toda la producción de ropa. —Un
día de estos voy a ponerme a escribir una república mejor que la de Platón
_dijo Jesús «el probeta». —¿En
qué sentido la piensas orientar? —Te
daré un ejemplo con la educación sexual. En mi república el Estado
subvencionará una universidad del sexo. Será un gran burdel con servicios para
hombres y mujeres que desde luego será gratuito y obligatorio. Las prostitutas
y prostitutos cobrarán un sueldo como las maestras y maestros y habrá un
director y una directora que tomarán exámenes teóricos y prácticos a los
alumnos que serán todos solteros. Nadie podrá llegar al matrimonio sin pasar
por la escuela sexual. Las personas que se casan sin experiencia sexual fracasan
en su matrimonio en la mayoría de los casos. Continúan casados por necesidad,
conveniencia o temor, pero no son felices. —Como
Luis y su Felisa. Luis no había visto desnuda a su mujer en siete años de
casado.
—Exactamente,
ahí tienes un caso patético _dijo Jesus_ Una mujer que siente vergüenza de
mostrar su cuerpo al esposo. —Jesús,
me llamó la atención con qué naturalidad dabas órdenes al casero de tu
suegro _comentó Javier_ ¿De donde emana esa actitud? Parece como si hubieras
nacido rico. —Ni
pensarlo, nací más pobre que mi tocayo, el que murió en la cruz. Y me alegro
mucho de ello pues quienes nacen ricos casi nunca entienden nada de la realidad
de la vida. Sus comodidades los convierten en seres sin interés que se mueven
al son de la música que les tocan. Heredar es sacar patente de inútil. Salvo
excepciones, por supuesto. En todo hay excepciones. —¿Y
como va tu matrimonio con Matilde? Todos creíamos que ibas a ser muy infeliz. Y
respondió Jesús «el probeta: —Los
matrimonios de conveniencia son los que más duran. No me casé por dinero, ya
me conocéis lo suficiente. Lo hice por soledad y desorientación. Pero puedo
aseguraros que estoy muy enamorado y soy muy feliz con mi gordita. Es una mujer
inteligente, sensible y buena. No se puede pedir más. Jamás me recuerda mi
pasado en los prostíbulos y decirme vosotros adonde se encuentra una mujer que
no cese de recordarle al marido los errores del pasado. Pero también hay que
poner inteligencia en la relación, no sólo amor. Hay parejas que creen que su
relación es mala porque no todos los días son buenos. Hay también días malos
e incluso días terribles. Pero dos personas inteligentes superan esos episodios
pasajeros si hay amor. Lo irremediable es que una persona inteligente esté
casada con una ignorante. Es un naufragio seguro más bien pronto que tarde. —¿Y
si se trata de dos ignorantes? —¡Ah,
ese es el matrimonio ideal! _afirmó Jesús. —Tomás
tiene la teoría _comentó Rodrigo_ de que la naturaleza hace que los humanos se
produzcan por parejas, no individualmente. A veces la pareja no se encuentra y
entonces uno se casa con cualquiera. Pero cuando dos almas gemelas se hallan, es
inútil oponerse a la naturaleza. Sería como oponerse a cualquier fenómeno
como un huracán o un terremoto. La oposición es inútil, pero si la oposición
sale triunfante, entonces se desencadena inevitablemente una tragedia.
—Pues
ya tenemos aquí una tragedia a la vista _señaló Jesús con su habitual
pesimismo refiriéndose a la relación de Tomás con Mariana y la oposición del
padre de ésta. Deberíamos creer lo que dice Schopenhauer, que el amor es una
trampa que nos tiende la naturaleza para conservar la especie. —Yo
por eso trato de no enamorarme pues debe ser acojonante _opinó Rodrigo_ No
quiero que mi felicidad o mi tranquilidad dependa de otra persona. Y
en esta divagaciones se les iban las horas en la embrujada noche oriolana. Nadie
conoce lo mejor de España si no conoce el encanto y el duende de las noches
primaverales y otoñales de esa incomparable ciudad de Orihuela, «La ciudad de
las mil torres» según el gran poeta oriolano Joaquín Mas Nieves.
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