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La Hipotenusa

 

—A mí lo que no me cabe en la cabeza _comentó Vicente_ es que porque un sujeto que andaba paseando desnudo por ahí, se comió una manzana hace millones de años, y a un niño no le han mojado la cabeza y le han dicho unas palabras mágicas, que al pobre bebé le sea vedada la entrada al paraíso. Es que si eso no figurase en la doctrina de la Iglesia y alguien lo dijera en alguna parte, le pondrían una camisa de fuerza y lo meterían en un manicomio.

 

—No te preocupes por eso _dijo Jesús «el probeta»_ eso viene de la antigüedad y la Iglesia, con su sabiduría, lo irá reconsiderando según evolucionen los tiempos. Eso al fin y al cabo no nos afecta el bolsillo, pero peor cosa es que las compañías de seguros fúnebres, que es el seguro de los pobres, pretendan aumentar el precio del seguro por el precedente de que a Lázaro hubo que enterrarlo dos veces.

 

Se reían los amigos de la ocurrencia de Jesús «el probeta» y Luisito, que también estaba presente, acompañó las risas del grupo. Entonces Jesús lo miró muy serio y le preguntó al camarero:

 

—¿Y usted de qué se ríe?

 

—Pues... pues... de lo que ha dicho usted. Debe ser muy gracioso pues todos se han reído.

 

—¿Usted sabe, Luis, que la suma de los cuadrados de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa.? _le preguntó Jesús «el probeta» al camarero para animar la reunión.

 

—Un momentito Don Jesús, sin ofender, que uno será un humilde camarero pero no es un cuadrado ni un cateto. Eso lo será usted, dicho sea con todos mis respetos. Y no sé qué es la hipotenusa esa, pero si es algo malo, con mi mayor respeto, lo será la señora hermana de usted. Y si es que no tiene hermana, cosa de la que uno nunca puede estar seguro, entonces lo será su señora prima. Pues eso.

  

 —Has ofendido a Luisito, Jesús, y debes disculparte _le dijo Tomás.

 

—No se ofenda, hombre ¿Cómo anda su hijito de esas fiebres tan fuertes que le dan?

 

—Igual, Don Jesús, me han dicho que el Doctor Olmos es el mejor médico pero es un médico caro y no lo puedo pagar.

 

—El Dr. Olmos es el médico de mi suegro y desde luego es el mejor médico de Orihuela. Además es una gran persona. ¿Me permite usar el teléfono del bar?

 

—¡Cómo no, Don Jesús! Sígame, por favor.

 

A los pocos minutos volvió Jesús «el probeta» y le dijo al camarero que el Dr. Olmos lo esperaba con el niño al día siguiente y que no le cobraría nada. A Luisito se le soltaron las lágrimas y le dijo:

 

—Don Jesús, nunca podré pagarle lo que acaba de hacer por mí.

 

—¿Cómo que no? Ahora mismo va a pagar usted. Fíeme siete cafés y los anota en mi cuenta. Yo invito a todos.

 

Con ganas de seguir la broma Javier comentó:

 

—El Judaísmo y el Islam prohiben la carne de cerdo, los hindúes prohiben la carne de vaca, los católicos prohiben toda clase de carnes los viernes. Me parece que con un par de religiones más nos haríamos todos vegetarianos y se simplificaría mucho la cocina ¿No os parece?

 

A lo que agregó Vicente:

 

—Ya sabéis lo vago que soy. Encuentro que la vida es trabajosa, lavarse, secarse, peinarse, vestirse, caminar, trabajar, hacer cosas; a mí me gustaría afiliarme a varias religiones. Los judíos no trabajan el sábado, los cristianos no lo hacen el domingo. Si hubiera otras Religiones que no dejaran trabajar de lunes a jueves me anotaría en todas.

 

—A ti no te afectaría pues tú igual no trabajas nunca.

 

Tomás se levantó cabreado:

 

—Muchachos, me voy, por hoy ya está bien de bromas. A ver si otro día podemos analizar otros temas con seriedad. Todo es demasiado chato en Orihuela y uno viene a ver si debatimos temas de interés que nos dejen algo pero estáis cebados con la jocosidad y esta tertulia ya me parece una pérdida de tiempo. Prefiero leer un buen libro.

 

—¿Un libro? _comentó Vicente_ Es mejor que te quedes aquí y lleva cuidado con la censura. Para que el libro sea interesante tienes que leer uno que a los censores no les guste y eso es peligroso. En cuanto a los libros que les gustan a los censores y pueden leerse, son una pérdida de tiempo peor que venir a esta tertulia.

 

A lo que agregó Jesús «el probeta»:

 

—Mira, Tomás, eres el que más respeto de todo este infame grupo pero debo decirte tres cosas: Primera, que a veces no es corrosivo el que habla sino el que escucha; segunda, que si te fijas un poco comprobarás que entre broma y broma decimos alguna vez cosas interesantes e incluso importantes. Y tercera, que estar con buenos amigos nunca es una pérdida de tiempo. Lo que ocurre es que no hablamos con la seriedad de académicos acartonados. No es necesario ponerse serio para decir cosas serias. Y no te pongas en censor que es una cosa muy fea.

 

—No me digas eso, Jesús, que me duele. No estoy en censor. Va contra mis principios de libertad y tolerancia.

 

—Está bien, todo aclarado, no te vayas. Y ahora escuchen pues tengo una agradable invitación para todo el grupo. La semana que viene os invito a merendar y celebrar esta tertulia en la casa de campo de mi suegro en Torremendo. Rodrigo sabe conducir así que, aunque apretados, vamos a ir el jueves en la tarde en el coche de mi suegro.