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El Hijo Del Rojo

 

Algunos domingos la Falange citaba a los niños y adolescentes y marchaban de campamento recorriendo varios km. Salían al amanecer y caminaban a paso vivo cantando «Montañas nevadas, banderas al viento y el alma tranquila...» o «Yo tenía un camarada, entre todos el mejor...» y otras canciones que relataban el heroísmo y la camaradería de los falangistas que estaban siempre dispuestos a dar la vida por los valores eternos de nuestra santa tradición: Dios, Patria, Religión, Tradición, Familia y Propiedad. Se marchaba con la camisa azul y las cinco flechas rojas y los chicos lo pasaban muy bien pues jugaban al fútbol y era un día con buena comida. Hacían paella y había buen pan. Se hacían corros, sentados, y en el centro se colocaba el instructor que contaba las hazañas del General Moscardó defendiendo el Alcázar de Toledo y cosas así.

 

Se hablaba sobre los beneficios que había traído a España el régimen fascista del Generalísimo Franco y las desgracias que le trajeron los partidos políticos en el pasado. Al anochecer regresaban cansados pero alegres por las canciones, los juegos y la merienda. Rodrigo no quería perderse ningún día de campamento porque ese día mitigaba el hambre. Siempre que se rompían filas se gritaba la misma consigna: «Por el Imperio hacia Dios, Viva Franco, Arriba España» Nadie entendía bien el significado de «Por el Imperio hacia Dios» pero no eran tiempos de hacer preguntas.

 

También había campamentos estables de verano en los que se instalaban tiendas de campaña de lona y eran por turnos de 15 días. Lo más bonito eran los fuegos de campamento en los que se reunían por la noche alrededor de una fogata, se cantaban canciones patrióticas y se contaba historias heroicas. Rodrigo estuvo en varios pero en una ocasión tuvo acceso a uno muy especial. Le llamaban preventorio y estaba cerca de Muro de Alcoy. Era una gran casona que había sido un sanatorio. Estaba en zona de montaña y el paisaje era precioso, con muchos pinos y un riachuelo que se deslizaba entre rocas y juncos y caía en pequeñas cascadas. Lo regían mujeres de la Sección Femenina de la Falange y ahí sí que se comía superbien. Fue la primera vez en su vida que Rodrigo comió cuatro comidas al día, desayuno, comida, merienda y cena y había duchas con agua caliente. En teoría estaba destinado a chicos desnutridos como era el caso de Rodrigo, pero en la práctica era un veraneo privilegiado para hijos de Jefes de Falange, hijos de excombatientes, hijos de voluntarios de la División Azul y en general parientes de jerarquías, autoridades y personas influyentes.

 

El Jefe de Centuria del Frente de Juventudes de Orihuela, apenado por el raquitismo crónico de Rodrigo, lo había recomendado y había logrado colocarlo en un turno de tres semanas. Durante esas tres semanas, que pasaron volando para Rodrigo, se duchó por primera en su vida con agua caliente y tuvo una cama para él sólo con sábanas nuevas y limpias. No lo podía creer. Se quería quedar allí toda la vida y lamentaba que los días pasaran tan rápidamente. Los domingos llegaban lujos automóviles con los padres de los niños ricos y éstos lloraban porque querían abandonar el preventorio e irse con sus padres. Rodrigo no podía comprender que alguien se quisiera ir de aquel paraíso terrenal.

 

Pero cuando regresó del Preventorio todo se derrumbó. Fue una catástrofe. Rodrigo había armado una serie de trabajos para ganarse la vida y ayudar en casa pero de pronto todo se vino abajo. Lo llamó el Jefe de Centuria y con cara muy severa le dijo:

 

—Rodrigo, por ti he recibido una dura reprimenda de mis superiores de la Delegación Provincial de Alicante. Ya sabes que te recomendé personalmente para el Preventorio pero es que yo no sabía quien era tu padre. Es un comunista que luchó contra nuestros camaradas en el frente.

 

Rodrigo corrigió suavemente, casi sin voz por la angustia de lo que se le venía encima:

 

—Socialista, señor.

 

—Bueno, comunista o socialista, todo es la misma mierda. Estuvo en el frente con los republicanos y hasta es posible que haya matado a alguno de los nuestros.

 

—No, señor, mi padre me ha contada que sólo estuvo en un puesto de control de carreteras en Cuenca y que él jamás disparó un solo tiro con su fusil. Y mi padre jamás dice mentiras.

 

 —Estuvo preso dos años en un campo de concentración en La Coruña. Nos hemos enterado por una denuncia del padre de un niño al que le rechazaron su solicitud para ir al preventorio. Hemos rechazado al hijo de uno de los nuestros para admitir al hijo de un rojo. ¡Qué papelón que he hecho ante mis superiores! El hijo de un republicano mezclado con los hijos de nuestros héroes en un lugar de privilegio. ¡Qué ridículo he hecho por tu culpa! Devuelve tu uniforme y no vengas más por aquí.

 

Rodrigo había cumplido ya 13 años pero con un físico de 9. Tenía bronca y prefirió dejar el Frente de Juventudes aunque pasara más hambre. Era orgulloso. Devolvió su uniforme y fue dado de baja por antecedentes rojos en la familia Creyó que allí terminaba su mala suerte y aún le quedaban los mandados que hacía por la mañana, pero al día siguiente fue al Ayuntamiento y a las otras oficinas y le dijeron que ya tenían otro chico para los mandados. En los pueblos las noticias corren rápidas. Repentinamente pasó del paraíso al infierno. Sólo hacía dos días que estaba en el preventorio con cuatro comidas, agua caliente y cama limpia y en sólo 48 horas estaba otra vez vestido con su vieja camisa de los codos rotos y sus alpargatas con los dedos afuera. No regresó a la escuela diurna pues pensó que ya encontraría otro medio de vida. Siguió con la escuela nocturna y con las clases particulares de Don Ignacio, su ídolo en la tierra, la representación del bien y de la moral.

 

Le contó a Don Ignacio lo que le había pasado y el buen profesor bramaba de indignación. Entonces Rodrigo se enteró que también su viejo maestro se había quedado sin trabajo. Había otro maestro llamado Don Angel que era muy mala persona. Le pegaba duro a los niños sin grandes motivos. Estando los alumnos en fila en posición de firmes para cantar el himno falangista, el Cara al Sol, un niño se rascó la cabeza seguramente por algún piojo. Don Angel _vaya ángel_ fue por detrás y le dio una palmada tan grande en la nuca que el niño cayó de bruces contra el suelo y se partió el tabique nasal. Don Ignacio se acercó corriendo y le dio tal empellón a Don Angel que éste chocó contra la pared y se hizo un poco de sangre en la cabeza por el coscorrón. Don Angel era falangista y daba las clases con la camisa azul debajo de la chaqueta. Don Ignacio no lo era así que la cuerda se cortó por lo más delgado y cesantearon al viejo profesor.

 

 Rodrigo veía que en la casa de este hombre tan bueno y tan sabio tampoco había nada para comer y se prometió a sí mismo que encontraría la forma de ayudarlo. Don Ignacio no sólo no le cobró nunca ni un céntimo por las clases sino que a veces compartía su escaso alimento con su querido alumno.

 

—Don Ignacio, deseo hacerle algunas preguntas. Tal vez no le parezcan oportunas pero ya tengo 13 años de edad y 100 de sufrimientos. Mis desgracias se deben a que mi padre es socialista y yo ni siquiera sé qué es ser socialista ¿Me lo puede usted explicar? Hábleme con claridad pues ya me he dado cuenta que de eso no se puede hablar en público con nadie. No lo comentaré, no lo voy a comprometer, pero necesito saber qué es eso tan terrible de lo que acusan a mi padre. Y también me gustaría saber qué es el comunismo ateo y apátrida que tanto condena la instrucción falangista.

 

Don Ignacio lo miró largamente. Es verdad que sólo tenía 13 años y en físico parecía mucho menos, pero sus ojos despiertos, su viveza y su carita prematuramente arrugada lo hacían más viejo. Era un niño viejo. ¿Cómo explicarle a un niño una cosa tan compleja? Pero al fin y al cabo él era maestro, su vocación era la enseñanza y por otra parte ya no tenía nada que perder. Era un chico inteligente, estudioso y muy maduro para su edad, así que decidió darle algunas explicaciones básicas con sencillez, obviando los matices que le dificultaran la comprensión.

 

Y después de terminar con las explicaciones, Don Ignacio acotó:

 

—De todas formas, Rodrigo, las ideologías políticas crean mucho fanatismo, como las religiones, y esto es muy lamentable porque la aplicación fanática de una ideología puede ser la causa de las desgracias de mucha gente.

 

—¿Usted es comunista, Don Ignacio?

 

—No, hijo, yo soy socialista democrático, como tu padre, pero no lo vayas a decir por ahí .

 

—No, señor, ya sé que no debo decirlo. Don Ignacio ¿Por qué se producen las guerras?

 

—Por la condición humana, por la ambición desmedida de algunos hombres, por el afán de poder y de riquezas, por la falta de solidaridad y por la falta de amor a nuestros semejantes.

 

 —¿Habría algún medio de hacer entrar en razón a esos hombres ambiciosos?

 

—Sí, Rodrigo, el conocimiento, la sabiduría, pero lamentablemente es la ignorancia lo que predomina en la mayoría de los hombres.

 

—Y dígame, Don Ignacio, ¿Hay mucha gente que se pasa de una ideología a otra?

 

—No, muy poca. Se trata de ideas muy arraigadas. Alguno hay que cambia pues en la juventud son más generosos e idealistas con tendencia al socialismo solidario y romántico, pero en la madurez, sobre todo si han mejorado económicamente, cambian a la derecha por temor a perder algún privilegio. La vejez es más temerosa y más conservadora que la juventud. Pero son los menos. En general quien es de una tendencia ideológica no suele cambiar en toda su vida. Nada fanatiza más que la política y la religión.

 

—Y el fútbol _señaló Rodrigo.

 

—Sí, tienes razón, y el fútbol. En la política pasa un poco como en el fútbol, el que es del Real Madrid es para toda la vida y el que es de otro club, lo mismo, no cambia.

 

—¿Y qué quiere decir ser de derechas o izquierdas? _siguió insaciable Rodrigo.

 

—Pues dicen que durante la Revolución Francesa, en 1789, cuando la gente se reunía en la Asamblea del Pueblo para debatir las nuevas leyes para Francia, en el lado izquierdo se sentaban los trabajadores que deseaban cambios para el progreso y en el lado derecho lo hacían los conservadores que no querían cambios para no perder sus posiciones de privilegio, la nobleza, el clero, los ricos terratenientes, los industriales y banqueros y los militares de alta graduación. De ahí viene que a los progresistas se les diga que son de izquierdas y a los conservadores que son de derechas.

 

—¿Entonces en España mandan ahora los conservadores de derechas?

 

—Así es, hijo.

 

—Supongo entonces _reflexionó Rodrigo_ que comunistas y socialistas que desean un reparto más equitativo de la riqueza, aunque sea por vías diferentes, serán amigos y estarán unidos frente a la derecha conservadora.

 

—No, no es así.

 

  —¿Por qué no? _requirió Rodrigo

 

—Pues porque es muy difícil que un hombre de derechas se haga de izquierdas y tanto socialistas como comunistas saben que sus partidos sólo pueden crecer el uno a costa del otro. Esta competencia les hace llevarse muy mal. Pero por otra parte no vayas a caer en la simpleza de creer que un gobierno de los pobres sería menos tiránico y más justo que uno de los ricos. La pobreza o la riqueza no tienen nada que ver con un gobierno sabio y justo. Hay pobres buenos y malos y lo mismo pasa con los ricos. Lo que importa es la sabiduría y la solidaridad humana y eso pueden tenerlo igual los pobres que los ricos. No es cuestión de dinero sino de amor y fraternidad con nuestra especie humana.