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Genética Habían
decidido los seis amigos de Jesús «el probeta» que lo harían rabiar un poco,
lo atacarían para hacerlo enojar y sacarlo de su ensimismamiento y de esa rara
tristeza que mostraba últimamente. —Me
han dicho _comentó Vicente_ que te vieron en el casino acompañando a Matilde
en una acto cultural y que llevabas una camisa azul debajo de las chaqueta. —¡Y
una mierda! ¡Jamás seré fascista, jamás! Pueden encerrarme, encadenarme,
ponerme grilletes, torturarme o matarme, pero nunca sería fascista. —Pues
a mí no me importaría demasiado porque no he conocido otra cosa. No tengo la
menor idea de cómo es una democracia. —Yo
tampoco, pero detesto este régimen discriminatorio que odia lo diferente _dijo
Jesús_ Si eres izquierdista, judío, protestante u homosexual, gitano o rebelde
a sus estúpidas doctrinas, ya eres un enemigo para ellos. No pueden estar sin
enemigos, los une el odio a lo diferente. Necesitan lo diferente para sentir que
están juntos contra algo o alguien. ¿Qué sería del fascismo sin el
comunismo? ¿O del catolicismo sin los protestantes? ¿Qué haría Dios sin el
Demonio? —¿Qué
haría yo sin vos? _dijo el «pibe»_ ¿Con quién pelearía? —Desde
los primeros filósofos de la antigua Grecia, 600 años antes de Jesucristo, ha
pasado mucho agua bajo los puentes, pero el hombre no ha aprendido nada _dijo
Javier_ Sigue necesitando matar y matar y acumular más riquezas de las que
necesita que arrebata a sus semejantes por la fuerza. Y esto es así desde el
origen del mundo, desde el principio de los tiempos. —No,
esto no es así desde el principio de los tiempos _negó Jesús_ El hombre
salvaje, el primitivo, sólo mataba para alimentarse, como hacen todos los
animales. Además era inútil acumular alimentos porque se le pudrían. El
hombre empezó a matar por ambición y sin necesidad a medida que se fue
civilizando. Esta es la triste paradoja, cuánto más civilizado es, más
salvajemente actúa. Pero es que yo creo que no estamos civilizados. —¿En
qué investigaciones andas ahora, Jesús? _preguntó Vicente. —Estoy
fascinado con las posibilidades de la ciencia genética que está empezado a
desarrollarse aceleradamente. —¿Y
cómo es eso? —Pues
parece de ciencia ficción pero en unas docenas de años (no sé si nosotros lo
llegaremos a ver), se producirán descubrimientos asombrosos. Se podrá hacer el
mapa de los genes de un ser humano determinado y esto permitirá un gran avance
de la medicina preventiva al poderse predecir sus enfermedades evaluando los
riesgos hereditarios. También se podrán hacer cultivos alimenticios genéticamente
modificados. —Pues
sí que es fascinante ¿Puedes dar algún ejemplo de esto último? —Claro,
por ejemplo, se podría sacar un gen anticongelante de un pez de aguas frías y
trasplantarlo a una hortaliza para protegerla de las heladas. —¡Qué
barbaridad! ¿Y esas manipulaciones no entrañarían peligros? —Ya
lo creo _afirmó Jesús «el probeta» que siguió haciendo futurismo_ y por
cierto que la Iglesia empieza a preocuparse pues podría llegar a modificarse la
gran obra de Dios: el hombre. ¿Cuál sería el límite ético para esta
ciencia? Es formidable pero peligroso. ¿Qué efectos causarían en las aves que
picotean las plantas y en los animales que comen forrajes, alimentarse de
plantas con genes modificados? Sólo pensarlo da temblor. Habría que
preguntarse si la ciencia no está yendo demasiado lejos. Mi respuesta es que
no, que la ciencia puede y debe avanzar. Lo preocupante es que lo que descubren
científicos honestos que investigan por el bien de la humanidad, es usado por
científicos inescrupulosos (y aquí Jesús miró fijamente a Julián) para
aplicarlo a fines bastardos, por ejemplo, a la industria bélica. Esto recién
empieza, no se puede avanzar mucho porque harían falta máquinas calculadoras
muy sofisticadas que todavía no se han creado. Pero también en este campo se
está avanzando mucho a partir del lanzamiento de cohetes espaciales ¿Pero quién
podrá garantizar el uso ético que la humanidad hará de esta ciencia de poder
trasplantar genes de unos cuerpos orgánicos a otros?
—¡Vaya
panorama! _exclamó Vicente_ Y pensar que yo estoy preocupado porque no tengo
unos duros para casarme. ¿Y tú, Jesús, estás haciendo algo al respecto? ¡Con
razón te has quedado sin un pelo en la cabeza! —Por
ahora sólo estoy leyendo e informándome en revistas especializadas, pero tengo
la firme esperanza de poder llegar a algo útil. —¿Útil?
¿Tú vas a hacer algo útil? _preguntó irónicamente Vicente_ ¿Por ejemplo? —Pues
por ejemplo podría trasplantarte a ti un gen del cerebro de Luis «el corto»
para que la inteligencia del camarero, que es muy superior a la tuya, te pueda
beneficiar. Y
Luisito que estaba escuchando, dijo muy serio: —Don
Jesús, con todos los respetos y perdóneme que me meta en algo tan complejo,
pero si mi humilde cerebro puede ayudar a Vicente, estoy a su disposición. Es
un amigo. —Luisito
¿Por qué no te vas un poco a la mierda? _explotó Vicente entre las risas de
todos. —Jesús,
reconozco que tienes mucha fantasía para hacer futurismo. Total, sólo es eso,
futurismo ¿Quién puede contradecir a un producto de la fantasía? Y también
te reconozco que tienes salidas ingeniosas pero a mí no me confundes _dijo muy
agresivo Julián_ ingenio no es sabiduría. Puedes entretener pero no interesar
profundamente. Te quedas siempre en la superficie de las cosas. Todos
quedaron muy sorprendidos por el imprevisto ataque. —No
puedo profundizar demasiado porque entonces tú no entenderías nada _dijo muy
serio Jesús. Julián
era el único del grupo que no le caía bien a Jesús. Lo consideraba ambicioso
y dispuesto a todo para hacer dinero rápido. No es que no lo quisiera pero sentía
por él menos afinidad que con el resto de los amigos. Y siguieron la polémica:
—Pero
al menos logro entretener _dijo Jesús_ tú eres un aburrido y nos aburres a
todos. Una de las profesiones que respeto, mucho más que la de economista, es
la de payaso. Cuando un payaso es bueno, alegra muchos momentos de la gente,
sobre todo a los niños que representan la pureza —Pero
tú no eres un buen payaso _la siguió Julián.
—¿Y
tú en qué eres bueno? _le preguntó Jesús. —En
que tengo modestia y no presumo de culto. _Replicó áspero Julián. Tal
vez Julián se había dejado llevar por el plan de hacer rabiar a Jesús pero
había llegado demasiado lejos ya que Jesús estaba acostumbrado a los ataques
de Osvaldo «el pibe» y Vicente y los tomaba en broma, pero esta arremetida de
Julián lo tomó por sorpresa. Bien es cierto que también Jesús lo había
atacado primero al mirarlo a los ojos mientras hablaba de científicos
inescrupulosos. Y finalmente Jesús quiso cortar la polémica y le dijo a Julián:
—Pues
yo no estoy interesado en hacer payadas para divertirte a ti. Se
hizo un silencio molesto y embarazoso y tras unos instantes siguió Jesús: —El
hombre teme al aburrimiento, hace tonterías para no aburrirse, pierde como un
estúpido su precioso tiempo en juegos de naipes, de dominó o de otras cosas.
Como si la vida fuese muy larga y le sobrara el tiempo, pero descuida que no seré
yo quien haga el payaso para divertirte a ti. Puedes estar seguro. En cuanto a
que yo presumo de cultura y soy inmodesto, no te voy a contestar para no ahondar
más nuestras diferencias. Si hemos de terminar nuestra amistad, prefiero que
sea sin más agresiones. Todos
advirtieron que pronto habría una baja en el grupo. Julián no dijo nada pero
comprendieron por su cara que no volvería a la tertulia. No obstante, Julián
no se calló y la siguió: —¿Por
qué crees tú que yo seré un desalmado si llego a dirigir una empresa? Así
dijiste cuando pronosticaste nuestro futuro. —Porque
vas a ser un mercader de tus conocimientos, un escriba al servicio de
empresarios, un mercenario. Y los empresarios sólo buscan el lucro, no les
importa la gente. En la antigüedad la clase social más baja eran los
comerciantes y también en la República de Platón. Comprar a dos y vender a
tres es una forma de robo disimulado. El Islam no permite el cobro de intereses
ni otros negocios que impliquen lucrar con las necesidades de la gente. —Pues
a mí me parece que yo seré más útil a la sociedad con mi trabajo que tú con
el tuyo _aseveró Julián. —Es
muy posible que seas más útil pero no más honesto. _replicó con dureza Jesús.
Y
Julián se levantó y se retiró sin saludar a nadie y sin decir una palabra más.
—Bueno,
muchachos _dijo Vicente_ vamos a continuar. Aquí no ha pasado nada. No me
alegro de que se haya ido Julián pero si tenía que irse uno, prefiero que haya
sido él. Era un sapo de otro pozo. Jesús, continuemos con el tema de
totalitarismo o democracia. —Es
lo mismo, Vicente, con democracia o con dictadura el pueblo es un convidado de
piedra, la gente no se siente partícipe de los hechos que definen su vida.
Todas las decisiones que afectan sus asuntos cotidianos, su día a día, son
tomadas a sus espaldas. Desde luego que la democracia es menos mala que la
dictadura pues el poder absoluto siempre se corrompe más que el poder que tiene
algún control, pero no hay demasiada diferencia. En democracia te ofrecen la
alternativa de elegir entre dos o tres partidos políticos grandes (los pequeños
no cuentan), y te dan la precaria oportunidad de votar a sus hombres aunque no
te parezcan idóneos. Y que luego, una vez en el poder, se olvidan de sus
promesas electorales y hacen lo que les da la real gana. ¿La verdad? Ni
dictaduras ni democracias han resuelto nunca los problemas de la injusticia
social. Así que no hablemos de política pues no vale la pena. Es un vómito.
Los hombres de bien no se hacen políticos, salvo raras excepciones. Y a los
decentes que se meten, los terminan asesinando. Hay muchos casos en la historia.
—¿Y
de qué hablamos? _preguntó Tomás_ es temprano para irnos. —De
sexo _dijo Jesús «el probeta» a propósito para enojar a Tomás que era un
puritano. —Y
dale con lo mismo, eres un obsesivo, o sexo o religión. —Es
que el sexo está más censurado que la violencia. A los niños les cuentan que
el lobo se come a dentelladas a la abuelita y se esconde en la cama de ésta
para comerse también a Caperucita. Estas escenas de terrible violencia se las
cuentan a los niños y no tienen censura. En las películas de dibujos animados,
el gato y el ratón se muelen a golpes y no hay censura. En cambio se censura el
amor, se censura que dos jóvenes enamorados se besen tiernamente. El amor tiene
mala prensa y se fomenta un mundo de violencia. Y la violencia trae más
violencia. Se le miente a la gente, estamos desacostumbrados a la verdad porque
durante cientos de años el hombre no ha hablado con la verdad. Las guerras son
producidas por mentiras. La guerra civil española, que exterminó a los
vencidos, fue producto de mentiras. Entre los centenares de miles de muertos,
estaban las mentes más preclaras y se arrasó con todas las organizaciones
sociales. Y fue una guerra inútil pues más pronto o más tarde se morirá
Franco y volveremos a la República, a la Constitución, con mucho tiempo
perdido y con muchos hombres lúcidos inmolados. Está loco y no sabe nada del
hombre si hay alguien que piense que este régimen fascista puede perdurar después
del Dictador. Pero me he desviado de lo que hablábamos, mi obsesión por la
religión. No te confundas, Tomás, no estoy obsesionado por la religión. A mí
las religiones, todas ellas, me traen sin cuidado. Mi única obsesión es Dios,
sólo Dios, no las religiones que son creación de los hombres. —¿Y
qué podemos hacer para defendernos de una sociedad tan alienada? _preguntó
siempre candoroso Tomás. —Sólo
una cosa, no pensar. Creo que si pudiéramos escuchar los pensamientos de Franco
oiríamos nítidamente su voz diciendo: «Los que piensan son nuestros enemigos.
Persíganlos.» Lo más cómodo sería recogernos en nosotros mismos, aislarnos
de lo exterior, pero sería una actitud egoísta e insolidaria que no es fácil
para quien se apasiona con la vida. —¿Cómo
te afecta que se haya retirado Julián? _preguntó Rodrigo. —Nadie
es un santo ni un demonio, está todo muy mezclado. La mezcla de Julián no
alcanzaba un promedio aceptable. Todos tenemos la necesidad de ser aceptados y
de que nos quieran y él no se sentía aceptado en nuestro grupo. Más tarde o más
temprano iba a suceder. Me siento triste, me ha caído muy mal pues en cuestión
de amistad me gusta sumar y no restar. Siempre es dolorosa una pérdida pero,
como ha dicho Vicente, prefiero perderlo a él que a uno de vosotros _dijo «el
probeta» Y
entonces Tomás le pidió a Jesús: —Jesús,
por favor, me he quedado inquieto con esa afirmación tuya cuando has empezado a
hablarnos de genética. Tú has dicho que la ciencia podría llegar a modificar
la gran obra de Dios; el hombre. ¿Cómo sería eso posible? —Pues
se está considerando posible que en unas décadas, hacia el año 2000, se pueda
llegar a clonar un animal. Y si se llega a crear científicamente una reproducción
exacta de un animal ¿Por qué no se podría hacer lo mismo con un ser humano? —¿Pero
cómo sería eso posible? Preguntó asombrado y un poco asustado Tomás. —Pues
suponte que se quiera clonar a una mujer. Se toma una célula, por ejemplo, de
su piel, se le extrae el núcleo y se inserta en el citoplasma de un óvulo no
fertilizado de otra mujer. Después se trata de que este óvulo se comporte como
si estuviera fertilizado activándolo con sustancias químicas o por corriente
eléctrica. La nueva célula se empieza a dividir y se origina un embrión que
se implanta en el útero de otra mujer. Si esta técnica se perfecciona, de esta
última mujer nacería otra que sería un duplicado exacto de la que se tomó el
núcleo de una célula de su piel. —¡Cómo
desvarías, Jesús! _le reprochó Tomás. —No
desvarío. Ahora no se puede pero llegará un día que sí se podrá. Así como
también se podrá trasplantar un órgano de un animal a una persona sin que se
produzca rechazo si previamente se inyectaran genes humanos en ese animal. Pero
volviendo a la clonación de un ser humano, el clon no sería una persona
natural creada por medio de la unión entre un espermatozoide y un óvulo, o sea
una persona nueva creada por Dios, sino un duplicado exacto, una copia hecha por
la ciencia. Y la pregunta clave es ¿Tendría alma el clon? —Don,
Jesús _dijo el camarero_ ¿Es que los payasos no tienen derecho a tener alma? —¿Payasos?
¿De qué habla usted? —¿No
dijo usted que era un clon?
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