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El Futuro Del Hombre

 

Ya estaban los seis amigos alrededor de la mesa en el Café Colón. Conversaban apaciblemente cuando vieron llegar a Jesús «el probeta», el bioquímico, el que faltaba para completar el número cabalístico de siete.

 

—Se terminó la tranquilidad y el hablar con mesura y sentido común. Empiezan los dislates _señaló Vicente que junto con «el pibe» eran los que lo contradecían.

 

—¡Buenas noches, delincuentes! _saludó Jesús.

 

—¿Delincuentes? _protestó Vicente.

 

—Sí, delincuentes por partida doble. Delincuentes comunes a los que habría que aplicar la Ordenanza Municipal contra vagos y maleantes, y delincuentes políticos pues siempre estáis intrigando contra el gobierno. Y por si fuera poco, siempre en pecado mortal contra nuestra Santa Madre Iglesia rindiendo tributo a Onán. Sois la escoria, la vergüenza de la virtuosa sociedad fascista oriolana. Y estáis llenos de prejuicios y de miedos. ¿A que ninguno de vosotros tiene agallas para salir a la calle y gritar que Franco es una porquería?

 

—¿Y tú, Jesús? ¿Sales tú y lo gritas? _lo desafió Vicente.

 

—Pues claro que no ¿Crees que estoy loco?

 

—Che, Jesús, mirá que sos boludo y decís macanas _lo agredió «el pibe»

 

—¿Y tú cuándo vas a aprender nuestro idioma? ¿Es que vamos a terminar todos aquí hablando con el lenguaje del tango? _le reprochó «el probeta»

 

—Pues vos sabrás. Si yo puedo hablar la lengua del Quijote y el pasodoble, bien podrías tú hablar la lengua del Martín Fierro y el tango ¿O es que te creés superior?

 

—Bueno, dejemos las bromas y hablemos en serio _medió Tomás que siempre estaba tratando de contemporizar.

  

 —Es que _la siguió «el probeta»_ no soporto la hipocresía. Sois, os repito, la vergüenza del noble fascismo nacional que sólo quiere hombres probos y patriotas ¿Qué esperáis de la vida? ¿Esperáis encontrar trabajo en el bar, haraganes? No sé cómo me contengo y no os denuncio a las autoridades competentes.

 

—¿Y por qué no lo hacés? _lo desafió «el pibe»

 

—Porque son incompetentes. ¿Sabéis vosotros por qué vengo a esta reunión? Vengo porque a pesar de todo os quiero y os veo tan desprestigiados en Orihuela que sólo mi presencia puede hacer que la gente os llegue a respetar un poco. Me inspiráis mucha lástima y como no os puedo ayudar con dinero porque no tengo ni una miserable peseta, os doy lo que me sobra: talento, lustre. Con mi presencia os doy categoría _terminó Jesús

 

—Pues lo que es por mí, te puedes ir a la mismísima mierda _le espetó Vicente.

 

—Exacto, ahí es donde estoy ahora con vosotros, entre la mugre. Siempre he sospechado, querido Vicente, que bajo tu aspecto de estúpido primate hay un observador sagaz.

 

—Pero, decíme vos ¿Alguna vez podremos evitar tus payasadas y hablar en serio? ¿Te creés gracioso? Pues no lo sos. _le dijo «el pibe».

 

—Mira, noble artesano, no vayas a creer que tu persistente olor a madera me confunde. Sé que no proviene de tu meritoria tarea de carpintero. Es tu cerebro, tu cabeza llena de virutas y aserrín lo que huele a madera.

 

—Bueno, ya basta terció Vicente _no soporto más a este tío que arruina siempre el rato que estamos juntos.

 

—Es que detesto la solemnidad, siempre queréis estar serios. Es la seriedad del asno. ¿Quiénes creéis que sois en medio de trillones de estrellas en un espacio infinito? Sois menos que nada.

 

Luisito «el corto», el camarero, se acercó a la mesa y les llamó la atención:

 

—Muchachos, por favor, bajen la voz. Los clientes se quejan y el patrón me riñe porque dice que no sé poner orden.

 

—¿Orden? Orden es una palabra fascista. Tienes que poner paz, no orden _señaló Vicente.

 

—¿Y qué diferencia hay? _preguntó el camarero.

 

  —Tremenda, fundamental. El orden viene de la fuerza, la paz viene de la justicia.

 

El humilde camarero estaba deslumbrado por los conocimientos de aquellos jóvenes iconoclastas y cada vez que aflojaba el trabajo en las otras mesas, acudía a la tertulia y se quedaba de pie escuchando todo con atención. Trataba de aprender y no desentonar demasiado y entonces le dio por hablar en «difícil» y era desopilante cómo confundía las palabras.

 

La conversación derivó en lo aburrido que era coleccionar sellos de correos españoles pues siempre era la imagen de Franco y lo único que variaba eran los colores. Entonces Luisito «el corto» metió baza y comentó que él conocía a un cliente que era psicodélico.

 

—¿Y eso que tiene que ver con lo que estamos hablando?

 

—Pues hombre, eso, que este cliente colecciona sellos de correos.

 

—¿No habrás querido decir filatélico?

 

—Pues sí, eso.

 

Javier, que era ya casi abogado, era adicto a la cafeína. Tanto estudiar de noche había terminado por no poder prescindir del café. Pero nunca tenía las dos pesetas:

 

—Tengo unas ganas locas de saborear un café bien cargadito pero ya le debo a Luis cuatro cafés y no me fía más. Sería capaz de pagar el doble de lo que vale.

 

—Pues eso está hecho _dijo «el probeta»_ ¡Luis, venga usted para acá! Aquí Javier tiene muy baja opinión de la cultura de usted y le apuesta un café a que le hace una pregunta sencilla de geometría y usted no la sabe contestar.

 

Tocado en su amor propio el camarero aceptó el reto.

 

—¿Cuál es la distancia más corta entre dos puntos? _le preguntaron.

 

—Je, je, uno es pobre pero tiene su poco de cultura. Es la línea recta _contestó ufano Luis.

 

—Te lo dije, Javier, es más listo de lo que suponemos. Ganó usted, Luis, tómese un café, sírvale otro a Javier y anótelos en la cuenta de él. ¡Ah! Y ya que está, de paso, me trae otro a mí y también se lo anota a Javier _indicó Jesús «el probeta».

 

—Oye, Jesús, yo dije que lo pagaría doble, no triple.

  

 —¿Y es que mi asesoramiento no vale nada? _se rió Jesús.

 

—Dime Jesús ¿En qué investigaciones andas? _preguntó con ironía Vicente_ ¿Cuándo vas a descubrir algo interesante y útil?

 

—El mayor descubrimiento que podría hacer es crear alguna píldora contra la estupidez humana, pero a ti te saldría muy cara pues necesitarías triple dosis _le espetó Jesús.

 

—No te enfades, hombre, te pincho un poco porque cabreado eres más creativo. Te lo pregunto en serio ¿En qué andas con tus experimentos?

 

—Pues si es en serio, te informo seriamente. Estoy buscando una droga que produzca la erección del pene humano para poder ayudar a tantos y tantos impotentes que no pueden disfrutar del sexo.

 

—¡Pero eso sería fenomenal! ¿Y en qué sentido diriges tu investigación?

 

—De momento le di ayer tres duros al Sargento del Cuartel de la Remonta a cambio de un frasquito con semen de su mejor caballo semental. Ayer estuve varias horas observando el esperma por el microscopio. Sigo con atención los movimientos de esos bichitos y midiendo su tiempo de vida. Estoy en una primera etapa, tratando de encontrarle sentido a esos movimientos. Y no os puedo adelantar más pero algún día os voy a dar una sorpresa. Si concreto mi descubrimiento, los laboratorios más grandes del mundo me pagarán millones.

 

—¡Pero eso es formidable! _comentó «el pibe»_. Mirá si vos sintetizás el esperma de caballo en una píldora y lográs que se le enderece la pistola a un impotente ¿Qué ocurrirá si llega a dejar embarazada a su mujer? ¿Parirá una yegua?

 

—Pues no sé si una mujer común pariría una yegua pero si es tu hermana puedes estar seguro que parirá una burra _replicó agresivo Jesús «el probeta»

 

—¿Por qué metés a mi hermana ¿Es que buscás que yo te faje un par de bifes con estas manos callosas? Me tenés un poco podrido con tus salidas de tono. Cuidáte conmigo, no metás a mi familia y no orines fuera del tarro porque vas a cobrar en pesos argentinos que es una moneda muy fuerte.

 

Y como «el pibe» se había enfadado en serio, Jesús «el probeta» se disculpó diciendo que todo había sido una broma.

 

 —No se hacen bromas metiendo a la familia _intervino Vicente_ Las bromas dicen que son como los condimentos, una dosis excesiva arruina el guiso.

 

—Me gustaría que alguna vez fueses un poco original _acotó Jesús_ y no repitieras como un loro las frases que lees y oyes por ahí. Debes tener algún libro de frases célebres y te vienes a lucir aquí con un refrito de pensamientos ajenos ¿Es que tu cabeza no da para pensar por ti mismo y ser más creativo?

 

Vicente ya estaba harto y le replicó ásperamente:

 

—No sé por qué te aguanto, Jesús, debo quererte mucho. Venimos aquí cada noche para ver si dialogamos sobre temas importantes ya que la censura no nos permite ni siquiera poder encontrar un libro que valga la pena. ¿Y qué me encuentro? Un hombre inteligente y culto que ha tomado la absurda decisión de convertirse en payaso ¿O es que de verdad estás loco? Tú sabes que aquí contamos chistes sobre mujeres y a veces aludimos a su belleza o fealdad y a su físico bonito o feo, pero por delicadeza hacia ti nunca decimos chistes sobre mujeres gordas para que no te des por aludido. Eso es educación.

 

—¿Ah, sí? _replicó «el probeta»_ Muchas gracias pero es recíproco pues ya te habrás dado cuenta que yo nunca cuento chistes de putas para que no creas que aludo a tu hermana.

 

Vicente se levantó furioso y lo amenazó:

 

—No te fajo ahora mismo un trompazo porque sé que estás loco, pero ganas no me faltan. Luisito «el corto», el camarero que estaba de pie escuchando la charla, entró a poner paz:

 

—Basta, muchachos, cálmense. Si alguno está loco yo tengo un cliente que viene todas las mañanas a tomar café y puede ayudarlo pues es un psicópata muy bueno que ha curado ya a muchos locos.

 

—¿Un psicópata? ¿No habrás querido decir un psiquiatra?

 

—Pues sí, eso.

 

En medio de las risas la cosa se fue calmando. Siempre era así, empezaban a agredirse verbalmente en broma y terminaban casi peleados. Pero duraba poco.

 

Entonces Javier, el poeta casi abogado que quería ser juez, comentó:

 

 —A veces esto parece una reunión de borrachos ¿Por qué no hablamos alguna vez en serio? ¡Hay tantos temas interesantes para debatir!

 

En ese momento entró Pepe Sancho, gran lector y mejor persona. Era el único que aunque no perteneciera al grupo era admitido con gusto en la tertulia. Pepe sólo caía por el Café Colón muy de tarde en tarde. Sabía muchísimo de literatura y era muy respetado por todos pues lo consideraban moralmente incontaminado.

 

—¿Qué tal, muchachos? ¿Puedo sentarme un ratito con vosotros?

 

—Por supuesto, cada vez que quieras, Pepe. No tienes que pedir permiso. Tómate un café o lo que quieras.

 

—Ya que te tengo a mano, Pepe _le dijo Javier_ pretendo escribir una novela. Aunque hasta ahora sólo escribí poesía, me gustaría intentar la narrativa. ¿Podrías darme algún consejo?

 

—Yo no doy consejos. Pittigrilli, que era un humorista muy corrosivo, decía: «No darme consejos que ya sé equivocarme yo solo». Pero puedo darte algunas opiniones personales que tampoco son la Biblia. Sólo son mis opiniones y podrás encontrar muchas otras en el mercado

 

 —Adelante, por favor, te escucho con atención _indicó Javier:

 

—Primero tienes que saber lo que vas a escribir. Puedes escribir poesía, ensayo, cuento o novela. Para escribir poesía tienes que ser poeta. Puedes escribir una novela sin ser novelista pero no puedes escribir poesía sin ser poeta o te pasará como a aquel contable que conocemos que pretendió escribir un soneto y le salió un balance. La poesía no necesariamente tiene que ajustarse a una métrica, puedes escribir perfectos endecasílabos o poesía libre. También puedes escribir prosa poética si tienes cierto vuelo lírico.

 

—¿Puedes señalarme algún ejemplo de prosa poética? _preguntó interesado Javier.

 

—Gabriel Miró. De hecho toda la escritura barroca de Miró es poesía. También puedes escribir ensayo. Puedes elegir un tema que conozcas bien y desarrollarlo en profundidad. Puedes escribir cuento que es lo que hacen los escritores principiantes creyendo que es más fácil que la novela, pero no es así, es más difícil. El cuento es corto y en muy poco espacio tienes que desarrollar el tema, lograr captar el interés del lector y crear un final con cierto impacto emocional. Es todo un arte.

 

—¿Y la novela? _insistió Javier impaciente.

 

  —A eso voy, finalmente queda la novela que es lo que tú pretendes escribir.

 

En primer lugar tienes que estar identificado con la historia que quieres contar; no solamente tiene que salir de tu mente sino de tus sentimientos, de tu sensibilidad. Algo que sea solamente frío y cerebral se quedará a mitad de camino. Otro punto es que si no eres un genio, no pretendas decir genialidades pues te saldrá una cosa forzada y falta de espontaneidad. Escribe con sencillez y sin hermetismo. Que tus lectores no tengan que leer dos veces el mismo párrafo para saber lo que has querido decir. Tampoco seas demasiado paisajista, que eso puede ser interpretado como relleno. Si eres paisajista dedícate a la pintura pero en una novela no hacen falta ocho páginas para decir que la nieve es blanca y que el mar es azul o verde. O gris si es que está nublado. No ser pesado. Lo importante en la novela es la historia que cuentas. Y no hables tú, deja que los personajes hablen su propio lenguaje. No hagas hablar a un obrero como un rico banquero o viceversa. Insisto, lo importante es que la historia sea buena y que los personajes tengan autenticidad. No es mucho más lo que puedo decirte. En la novela cabe todo siempre y cuando sepas contar una buena historia con creatividad y con cierto vuelo literario. Eso es la narrativa, nada más y nada menos. Tener algo que decir y decirlo bien, parece simple pero no lo es.

 

—¿Leerías algo que tengo escrito para darme tu opinión?

 

—No lo hago con nadie pero contigo sí. Lo leeré pero te prevengo que no debes esperar benevolencia. Amo la literatura y soy implacable para el que pretende escribir y no sabe hacerlo. Como lo soy conmigo mismo, soy un autocrítico feroz. Por eso no escribo.

 

—Pepe, antes de llegar tú, estábamos discutiendo si hay motivos para tener esperanzas sobre el futuro del hombre ¿Qué crees tú? _preguntó Jesús «el probeta».

 

—Me hacéis sentir viejo. No me gusta que me hagáis preguntas como si yo fuera un oráculo o como si mi opinión valiera algo. Hacéis que me sienta incómodo. Pero, en fin, de cualquier manera te diré que no, no hay esperanzas de un mundo mejor, no soy optimista. A pesar del progreso técnico, el hombre sigue en estado de embrutecimiento. El hombre continúa guerreando y se impone la desinformación para hacernos creer lo que convenga al mandamás de turno. Y ya se sabe aquello de que en toda guerra la primera víctima es la verdad. En la parte económica al capital nunca le ha interesado el pleno empleo. Lo que le interesa es una alta desocupación para imponer condiciones más duras al trabajador. Los gobiernos no se ocupan de la protección social de los desocupados y rige un sistema perverso de abandono y de falta de solidaridad, un sistema ferozmente individualista que lleva a una pequeña minoría a la riqueza y a una gran masa hacia la miseria y la degradación. A los grandes patriotas habría que recordarles que la patria no es un mapa, una geografía o un territorio. La patria es, sobre todo, la gente que vive en ese territorio y cualquier doctrina ideológica que no sirva para que la gente viva mejor, sino al contrario, para que esté peor, es un sistema perverso. Pero no se puede levantar un edificio sólido sobre malos cimientos y dicen que Dios da mucho poder a quienes quiere perder. Así que mi respuesta es negativa. No soy optimista sobre el futuro del mundo porque la convivencia requiere esfuerzos y la falta de sabiduría y de generosidad de los que tienen el poder impiden el progreso pacífico y equitativo. Pero puedo arriesgar una profecía: O se salvan todos los hombres o no se salva ninguno.

 

—¿Tan malo es el hombre? _preguntó Tomás con su acostumbrado candor.

 

—Mira, hijo, _continuó Pepe_ Tengo una disparatada teoría que surge de ver que en los lugares donde la gente es buena, se elige para gobernar al mejor. En cambio en los sitios donde la gente es mala, se elige al peor para el gobierno. Quizás por eso es que en el cielo gobierna Dios y en el infierno lo hace Satanás. Pero ¿Quién gobierna en la tierra? ¿No será que Dios perdió la guerra con el ángel malo y es éste quien manda aquí abajo? ¿No será que Dios quedó confinado en el cielo y nos gobierna Satanás? ¿De otra manera, cómo puede entenderse que a la gente que le va mejor es a la peor gente? Mi sobrino es economista, ha entrado a trabajar a una gran empresa y lo primero que le ha dicho el director es que si quiere progresar hay que ser duro y no tener sentimientos con los trabajadores. No se puede obligar a las personas a que sean malas; así que, estoy contigo, Jesús, todo esto se va al demonio más pronto que tarde. Tal vez no a corto plazo, seguramente no llegaremos a verlo, pero se está pudriendo todo a gran velocidad. Si el hombre no tiene moral, la convivencia es imposible. Vamos hacia la autodestrucción y la única esperanza es que el hombre mejore su actual baja condición humana.

 

 Pero no percibo por ninguna parte que exista la generosidad y, sobre todo, la lucidez, para que los poderosos recuperen la visión. Están ciegos y así continuarán. Todo se rige por la rentabilidad y la eficiencia. No por los sentimientos.

 

—Perdóname Pepe, yo todavía creo en el hombre _insistió Tomás.

 

—Tomás, tú eres muy joven y además eres un espíritu noble. No quisiera desengañarte pero de un hombre sólo vemos la superficie, lo que él deja ver. Pero nos horrorizaríamos si pudiéramos ver su parte escondida y oscura. Un buen padre de familia puede estar obsesionado secretamente por placeres repugnantes; un amante esposo con 30 años de matrimonio y aparentemente feliz, puede estar deseando secretamente la muerte de su esposa para irse a la cama de la vecina. El túnel de los deseos ocultos, la parte reservada de cada ser humano puede ser terrible. Ni podemos imaginar lo que sucede con el dinero. Los notarios se horrorizan, nietos que le desean la muerte a sus abuelos y aún hijos a sus padres para heredarlos. Puedes estar hablando amigablemente con un asesino en potencia sin saberlo. Si nunca llegas a saber cómo eres tú mismo ¿Cómo vas a conocer a otro? He aquí la gran tragedia, nadie conoce los pensamientos de otro, nadie sabe quien es quien. Y es mejor así porque si la cara reflejara el interior de los hombres, la vida sería insoportable. El hombre es malo por naturaleza e, hipócritamente, es bueno por necesidad. Y por hoy ya basta de preguntas o me voy. Dejarme tomar mi café tranquilo y no olvidéis aquello de que la opinión pública sólo debe manifestarse privadamente.

 

—Por favor, Pepe, una última pregunta _demandó Tomas_ pues me dejas muy angustiado ¿Es que no hay hombres buenos?

 

—Pues claro que sí, hombre, tú mismo lo eres. Es más, creo que son mayoría los hombres buenos. Pero yo me he referido a los hombres malos que son los que dirigen el mundo. Los hombre buenos son espectadores pasivos de las decisiones que toman los malos. Siempre fue así y lo seguirá siendo porque los hombres buenos, salvo raras excepciones, no se meten en política o si se meten no logran puestos de poder. El poder lo tienen los inescrupulosos.

 

—Y cambiando de tema ¿Sabes, Pepe, que Jesús está investigando la posibilidad de crear una droga que provoque la erección del pene humano  sin que tenga efectos secundarios? _le informó Vicente con sarcasmo a Pepe Sancho conociendo su fino sentido del humor.

 

—¡Hombre, Jesús, eso sería maravilloso! Cuenta con mi persona que lo voy a necesitar. Puedes experimentar conmigo, estoy a tus órdenes. Pero creo que deberías investigar fuera de España. En Orihuela no vas a lograr el éxito.

 

—¿Por qué no? _preguntó curioso Jesús «el probeta»

 

Y Pepe no resistió la tentación de hacer un chiste fácil con un juego de palabras:

 

—Porque nadie es «probeta» en su tierra.