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El Fascismo

Las ideologías fanáticas, no las ideas, llevan a veces a que personas muy racionales se vuelvan irracionales. Es el caso de nuestra España.  Los desacuerdos de los partidos políticos tenían muy herida a la República y los avances del Frente Popular que pretendía una profunda reforma agraria tenían muy asustados a los ricos terratenientes, industriales y banqueros. Apoyándose en el financiamiento de éstos, Franco se levantó en armas y entró a saco en España desde Marruecos. La palabra “faccio” significa haz, manojo, de ahí viene el escudo falangista de  cinco flechas en un haz.  La ayuda que Franco recibió de Alemania e Italia pesó más que la ayuda recibida por la República desde Rusia y el fascismo ganó la guerra civil. Se podía suponer que una vez terminada la guerra  podría empezar la paz entre hermanos aunque algunos tuvieran ideas diferentes. Pero no fue así. La posguerra fue de una crueldad inusitada. Se  fusiló a miles de personas sospechadas de ser de izquierdas, gente joven que había sido obligada por su edad a servir en el Ejército Republicano. Ese fue su delito, ir por obligación a la guerra y tocarle por casualidad el lado perdedor.

¿No es repugnante? En nombre del bien se cometen numerosos y terribles atropellos a los derechos humanos, pero es inadmisible que se haga en nombre de Dios. La España de Franco en los primeros 25 años está estancada e incluso retrocede en todos los aspectos, social, económico, tecnológico, científico, investigación, desarrollo, ideas progresistas, clericalismo retrógrado que frenaba la industrialización en los pueblos por temor a que hubiera obreros ilustrados, gran desocupación, baja alfabetización, Estado teocrático y militar, baja cultura, etc. Durante la República hasta los conservadores eran de mente progresista pero durante el fascismo, todos, conservadores y progresistas se volvieron retrógrados por temor  al progreso industrial que podría suponer sindicatos independientes. Las Universidades, que siempre habían sido un conjunto de estudiantes bulliciosos   e inquietos, durante el fascismo eran jóvenes viejos sólo preocupados por  ganar alguna oposición y entrar al Estado como empleados. Nadie veía futuro por ninguna parte y  era un país somnoliento, adormecido por consignas estúpidas de la era de los Reyes Católicos, “Por el Imperio hacia Dios” y otras tonterías de esa naturaleza que repetidas una y mil veces tenían idiotizadas a la gente, muertos en vida, incapaces de pensar por sí mismos. La inquietud principal era no perderse la Misa del Domingo para no caer en pecado mortal e ir a parar al terrible infierno. Y para que no se entere el Cura Párroco que no vas a Misa y te tome por rojo ¡Qué desdicha! Las tierras andaluzas no se trabajaban, todo eran cortijos y cotos de caza privados. La humilde aceituna era el símbolo de la miseria andaluza. Pan y aceitunas, esa era la comida cuando había pan. Si no lo había, eran aceitunas solas.

Los pueblos que no avanzan, retroceden y España era un país decadente, muerto hasta 1960. “Montañas nevadas, banderas al viento y el alma tranquila...” El alma, siempre el alma, pero ¿Y el cuerpo? Esos cuerpos estragados por el hambre y la falta de higiene y medicamentos. Y así estábamos, sin darnos cuenta porque la voz vibrante de los locutores de radio complacientes con el régimen y las plumas ágiles de los periodistas mercenarios, nos tenían dormidos. Eso era todo, un retroceso larvado, fútbol, toros, vino barato y pandereta ¡Arriba España¡ ¡Viva Franco!  Que siga la fiesta y que Dios nos bendiga.

Se llega a conocer bien la naturaleza humana viviendo en pequeños pueblos. Como ahí no pasa algo casi nunca, cuando algo ocurre se analiza hasta los menores detalles y uno se entera de quién es quién. Siendo un buen observador de lo que se hace y se dice en un pueblo pequeño, se pueden llegar a conclusiones asombrosas sobre el espíritu humano, sobre la maldad y sobre la bondad, sobre lo humano y sobre lo divino. Conocí a una vieja señora en Orihuela, en la calle de Santiago, que cuando veía algún corrillo de mujeres comentando algún hecho vecinal, se acercaba y preguntaba:

—¿Qué ha sucedido?

Y cuando ya estaba enterada de todo hasta los menores detalles, increpaba a todo el corrillo de vecinas diciéndoles:

—¿Es que no tenéis otra cosa que hacer en vuestras casas?  ¿Qué hacéis aquí perdiendo el tiempo en chismorreos?  ¿No os da vergüenza tener la casa sin limpiar, la ropa sin lavar ni planchar, las camas sin hacer y la comida sin preparar?  ¡Cojones, qué pueblo éste! Aquí se podría vivir bien pero a una no la dejan. Para no ser pasto de la cháchara vecinal, aquí ganaríamos más quedándonos en la cama que levantándonos a hacer cosas útiles ¡Dios mío, qué gente! Preferiría vivir en la selva antes que aquí. Por cierto, ya que nombré la selva ¿Sabéis que el marido de la Juana, el que trabaja en el Ayuntamiento, la ha dejado para siempre y se ha ido con la querida a un safari en Africa?

En Orihuela no todo es bonito. Amo a mi ciudad pero le reconozco un provincialismo muy negativo. Un ambiente burgués que flota siempre en el aire, los prejuicios tan arraigados que hacen irrespirable la atmósfera oriolana, los miedos al “qué dirán”, la censura estricta de la dictadura fascista y la autocensura cobarde por temor a represalias políticas de la autoridad, la falta de futuro, la sordidez del ambiente, el chismorreo pequeño e inútil, los rumores calumniosos, ruines y malévolos. Es la vida fascista vestida de gris.  Todo gris como la policía nacional: “Los grises.” Las personas que osan escribir hay que leerlos indagando entre líneas, tratando de averiguar lo que se calla o lo que se dice a medias. Se llegó a prohibir que se escribiera la palabra “adulterio” como si se pudiera borrar de la mente algo que existe solamente porque no se nombra. Si el adulterio es inmoral el hombre debe evitarlo por su propia decisión pero no tratándolo como a un niño al que se le dice: “De esto no se habla.” Y sin embargo amamos a nuestro pueblo con todos sus defectos que, por otra parte, son los defectos de todas las pequeñas ciudades provincianas. Pero el régimen lo opaca todo, las normas que da la Falange, el partido político único que se tolera, son vergonzosas y ofenden nuestra modesta inteligencia. Nos desespera escuchar hablar de películas cultas, interesantes y atrevidas que sólo se pueden ver en Francia. Es el año 1960 y vivimos como si fuera la edad media con la Santa Inquisición siempre amenazadora. Sentimos una rebelión interior que nos agobia como un nudo en la boca del estómago. La falta de libertad nos invade a los jóvenes como una desesperación silenciosa. He aquí, como ejemplos, algunas comunicaciones del régimen que sabe muy bien que una mentira repetida cien veces ya tiene visos de verdad: “Franco es el Jefe de nuestra Nación. Todos los españoles le aclaman como salvador de la Patria y todos le aman y le obedecen. Franco, triunfador en la guerra y en la paz, guía a España por las rutas de la grandeza y bajo su mando alcanzará nuestro país su máximo esplendor. Su claro talento y su incansable espíritu de trabajo los ha puesto al servicio de su pueblo  que, unido en torno suyo, labora confiado y seguro bajo el mando de su Capitán, victorioso en todas sus empresas. Francisco Franco ha sido el hombre providencial que Dios ha dado a España para que la salvara y luego la llevara a su mayor prosperidad.”

Pienso que en una democracia con moral los lobos cuidan a veces de sus ovejas pero en una dictadura sin moral los lobos las devoran. También  habrá democracias sin moral.

Los textos con consignas fascistas proveen una estrecha visión del mundo y las más disparatadas restricciones a la vida pública y privada. Pilar Primo de Rivera, la Jefa de la Sección Femenina de la Falange, hermana de su fundador José Antonio, escribe esto: “Las mujeres nunca descubren nada, les falta desde luego el talento creador, reservado por Dios para las inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer nada más que interpretar, mejor o peor, lo que los hombres nos dan hecho.”

En el Libro de las Margaritas (Año 1940)  se dice así: “No hay que ser nunca una niña empachada de libros que no sabe hablar de otra cosa. No hay que ser una intelectual.”

 (Del Semanario de la Sección Femenina año 1944)  “La vida de toda mujer no es más que un eterno deseo de encontrar a quien someterse.”

 “La cocina es el sitio más importante de la casa.” (Medina 1943).

 

 “¿Qué haría una mujer sin su aguja?”  (Anuario de la Sección Femenina 1941).

 “La jerarquía familiar es el padre. No le viene la autoridad de su fuerza física o de la superioridad social o económica, le proviene directamente de Dios y la madre recibe la autoridad por participación en la del esposo.” (Formación Político social de la mujer).

No hacen falta mayores comentarios para darse cuenta de cómo se intenta tratar de hipnotizar a la gente para mantenerla en estado de estupidez.

Orihuela, mi maravillosa ciudad, con sus rústicas calles de tierra, los carros con sus mulas o asnos vendiendo el agua potable que no existía en las viviendas (los populares “aguaores”), sus mujeres bravías que baldean con agua todas las tardes el trozo de calle y de acera que está delante de su casa para eliminar el polvo y refrescarla en verano, esperando a sus esposos para sentarse en la puerta en una silla baja a comer su modesta cena en la que nunca faltan las humildes aceitunas que son el símbolo de la pobreza; esta Orihuela clerical, sin industrias, sin puestos de trabajo, sin algo que ayude a sobrevivir con dignidad. Los españoles sentimos que el futuro no nos pertenece, le pertenece al fascismo que se ha apoderado de nuestra existencia. Pero el fascismo español no se parece en nada al de Alemania o Italia aunque sean primos hermanos. Hitler había creado puestos de trabajo poniendo en marcha una poderosa industria bélica para sus locos y canallescos planes de conquistar el mundo. Los alemanes tenían trabajo. El Duce también creó empleos y dio a los italianos una moral de triunfo reconquistando sus pobres excolonias africanas. Pero en España se implantó un fascismo de moralina clerical y patriotera que nos ha hecho retroceder a la edad media. Otra vez la Santa Inquisición. Antes era la hoguera, ahora es la marginación social para quien no vaya a Misa. Se dice que Franco ambicionaba ser rey y yo creo que lo que verdaderamente deseaba Franco era ser Papa y convertir a España en un gigantesco convento con Misa diaria obligatoria para todos los españoles. Estamos en 1960 y el mundo se ha puesto en marcha rápidamente después de terminar la segunda guerra mundial. Pero España sigue detenida en el tiempo. Todavía rige una censura estricta que no deja crecer a nadie culturalmente. Sólo se puede hablar de toros o de fútbol. El régimen fascista controla todo y tiene a la gente dormida. Las personas comunes, adoctrinadas, valoran más la seguridad personal que la libertad y el progreso y seguramente cuando toda esta pesadilla dictatorial haya pasado habrá nostálgicos de esta tranquilidad de cementerio que vivimos. No se dan cuenta que ahora, con Franco, no existen la droga ni la televisión y que cuando tengamos ese progreso también irá acompañado de menos seguridad vecinal que ahora. Entonces no faltarán tontos que dirán: “Con Franco estábamos más tranquilos y había paz.”  Pero no es así. Con Franco no había paz, había orden que es muy distinto, porque la paz viene de la justicia pero el orden viene de la fuerza. Cualquiera se queda quieto si tienes un guardia civil o un policía que te da una paliza si te mueves, eso es orden, no paz, no confundamos.

Un país educado no habría tolerado tantos años de manso sometimiento y por eso es tan importante para los gobiernos totalitarios restringir la educación a través de una estricta censura que sólo permitía crecer culturalmente a los adictos incondicionales del fascismo. La gente común, no educada, no se cuestiona nada y acata ese estado de sometimiento con naturalidad porque no conoce otra cosa. La obediencia al régimen y el estado de escasez son aceptados con naturalidad, sin una protesta, como si fuera esa la forma de vida definitiva. Todos somos conformistas sin darnos cuenta. Sólo así se puede explicar que el fascismo dure ya tantos años con la inestimable ayuda clerical. Franco ha sido elegido por Dios para salvarnos y la Iglesia lo pasea bajo Palio.

Las mujeres deben estar en casa, en sus  labores  domésticas. Cuando a una mujer le preguntaban su profesión contestaba: “Mis labores.” Se juntan las vecinas en la puerta de una de las casas a coser, bordar o tejer, casi todas enlutadas aunque fuera por la muerte de parientes lejanos. A media tarde suenan las campanas del Ángelus y rezan en un tono bajo y lúgubre. Una de ellas dice: “El Ángel del Señor anunció a María” y las demás contestan: “Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.” Otra mujer dice: “Bendita sea la Virgen María” y todas contestan: “Sea por siempre bendita y alabada.” Y los días transcurren con la monotonía del agua de lluvia en los cristales, como diría Antonio Machado, otra víctima gloriosa del franquismo, con esa monotonía sin esperanza. Las viudas españolas, de los pueblos, muy raramente volvían  a contraer matrimonio y permanecían solas y enlutadas el resto de su vida. Si alguna se atrevía a romper esa regla no escrita en ninguna parte pero impuesta por los usos y costumbres, la gente decía con malicia cruel: “Pues vaya, qué pronto se ha consolado esta mujer.” Lo decían aunque ya hiciera 20 años que falleció su primer esposo.

El franquismo dice que gobierna en nombre del bien. No discuto esto, podría ser que sí. Pero ¿Cuando se gobierna en nombre del bien todo está permitido? ¿El fin justifica los medios? ¿El camino de la arbitrariedad está abierto si es para perseguir el bien? ¿No es la arbitrariedad un mal en sí misma? El derecho a la vida es el primero y más importante de los derechos humanos porque de su existencia dependen los demás derechos. La supresión de la vida por acción u omisión es a todas luces una gravísima violación de esos derechos, no importa con qué palabras se disimule o se justifique.

Todos estos disparates fascistas alivian el dolor de irme hacia un país demócrata y libre. Me siento cansado, hastiado, y estoy demasiado preocupado por el futuro que me espera ¿Futuro? ¿Qué futuro? Menos mal que viajo solo y estoy tan acostumbrado a los golpes que ya no le temo a nada. No tengo trabajo, carezco de todo, así que por mal que me vaya no estaré peor de lo que estoy. Pero no quiero sentir lástima de mí mismo pues es negativo. Debo sonreír y adoptar una actitud optimista... pero no me sale la sonrisa... y esta angustia... esta angustia de no poder soñar. Sin embargo no lograrán apearme de mis sueños, no soy fatalista, no creo en un destino predeterminado. Creo que cada hombre se forja su propio destino y a veces lo que no se puede lograr en 20 años se logra luego en un par de años. ¿Por qué no puede sucederme a mí en América? Voy a empeñar toda mi voluntad en conseguir que mis sueños se hagan realidad. Voy a ganarle la batalla a la pobreza. Para ello debo ahorrar y juntar algún dinero porque Dios, que no abandona a nadie, le otorga limosnas a los pobres pero deja los buenos negocios para los que ya tienen dinero. Y llevaré mucho cuidado con eso de que si eres bueno y obras bien recibirás tu castigo. Y aquello otro de que si buscas la verdad corres el peligro de encontrarla. Sin embargo hay algo que Dios reparte con más generosidad a los pobres que a los ricos. Es la conciencia. La conciencia es un lujo que Dios reserva para los pobres. Los ricos, en general y salvo honrosas excepciones, no pueden darse el lujo de tener conciencia. Para que no se diga que no son generosos, se la dejan toda a los pobres. Los ricos consideran que tener conciencia es un síntoma de debilidad, una mariconería.

Dejo mi tierra con dolor. Todas las vivencias nos unen a nuestro pueblo. Mi amigo del alma Pepe Sancho dice que ama a Orihuela porque aquí es donde aprendió a jugar al billar, al truco, al dominó y el haber aprendido bien estos tres juegos  le proporcionó los mejores amigos de su vida. Cuenta que dicho aprendizaje le costó más dinero que la casa en que vive y que durante esos juegos ha trasegado alrededor de 5.000 litros de vino y cerveza y unos 4.000 cafés, lo cual no lo considera un gasto sino una inversión. Además había tenido la suerte de ser tan feo que las putas de Orihuela le hacían rebaja en el precio del servicio.

Por mi parte les desnudo mi alma sin pudor para explicar por qué amo a Orihuela. La amo porque en esta ciudad ha transcurrido mi niñez, mi adolescencia y mi juventud. He vivido en este pueblo hasta los 29 años en que estoy emigrando contra mi voluntad. Y en esta tierra he amado a unas personas y he detestado a otras, he llorado y he reído, he gozado y he sufrido ¿Cómo no voy a amar esta tierra?

Me voy al exilio para ver si, además de ganarme bien la vida para crear una familia, vivo en un clima de libertad e independencia ¡Quiero ser libre y por eso no sería jamás comunista! Pero la libertad no es regalada, nos la tenemos que ganar día a día. Así como el sexo es un alboroto de las hormonas, la libertad es un alboroto de los sentimientos, deseos de respirar sin censuras estúpidas. Nadie debe decidir por mí lo que debo o no debo leer. No quiero vivir bajo un gobierno dictatorial que le teme a la opinión de la gente y los amordaza. Parece mentira que tantos intelectuales hayan transado con esa situación. No quieren educar para poder engañar y abusar. Y se desesperan porque pueden prohibir la palabra pero no el pensamiento. Se llenan los bolsillos y mandan jóvenes a morir en nombre de la patria y la bandera. Esta patria fascista sin ciencia, sin investigación, sin desarrollo, sin educación, sin cultivar las inteligencias, en la que sólo goza de bienestar una minoría privilegiada, serviles del poder, mercaderes, políticos que son como los gatos que los tires de donde los tires siempre se dan vuelta en el aire y caen de pie. Y lo más indignante: Siempre hablan en nombre de Dios y del Cristianismo. Dicen que son cristianos pero han dejado afuera a Cristo.

El fascismo mató y torturó sin piedad y lo importante no es si alguien que está siendo torturado es católico, judío, comunista, árabe, budista o hindú. Lo importante es que se trata de un ser humano, una criatura de Dios hecha a Su imagen y semejanza y a la que Dios le dio un alma, un ser viviente que puede estar equivocado en sus ideas pero que nada justifica la tortura o la muerte. Y es absolutamente incomprensible que el cristianismo se haya involucrado a veces en esa barbarie mirando para otro lado. Porque la omisión es tan grave como la acción. No hay autocrítica en las religiones. Hay ciertos valores humanos que deben ser preservados por todas las religiones y sólo a partir de un acuerdo en ese sentido, se podrá  empezar un diálogo constructivo entre las religiones que lleve la paz a todos los rincones de la tierra. Sin ese acuerdo nunca habrá paz. Y es que, desgraciadamente, las buenas gentes no tienen convicciones firmes. Sólo los hombres malos las tienen para el mal.