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Eligiendo Profesión

 

Cuando Matilde quedó a solas con sus padres les previno:

 

—Por Dios, papi, no trates a Jesús como una propiedad que has comprado y es tuya . No le hagas sentir como que se ha vendido. No lo presiones. Es un hombre muy especial y muy generoso. No se ha casado conmigo por nuestro dinero, lo ha hecho por soledad y desamparo, pero no es interesado. Ni siquiera sabe manejar el dinero ni le importa. He tenido yo que ocuparme de pagar las cuentas durante nuestro viaje pues desconoce el valor de las cosas. Sé prudente y no le hagas sentir que debe estar agradecido pues los agradecidos debemos ser nosotros. Vivíamos los tres en paz pero sumergidos en una vida sosa, aburrida y sin esperanzas de futuro para mi. Ahora soy muy feliz, tendré hijos y tengo un marido maravilloso.

 

—Sí, hija, quédate tranquila, sólo fue un mal entendido _la calmó Don Rogelio que era una excelente persona.

 

Un día estaban cenando y Don Rogelio le dijo con la mayor delicadeza:

 

—Jesús, no te ofrezco nada porque no quiero herir tu susceptibilidad pero deseo que sepas que te queremos mucho y que cualquier cosa que necesites tengas la confianza de decírmelo.

 

—Gracias, Don Rogelio, tengo todo lo que necesito, más de lo que pude haber soñado. Tengo un laboratorio moderno y completo y tengo, sobre todo, a Matilde. Ella es ahora toda mi vida. Al darme usted a su hija me dio lo que usted más ama. Aunque yo no se lo diga, le estoy muy agradecido y confío en merecer a una mujer tan excepcional . No me puede usted dar más de lo que me ha dado.

 

Los padres y la hija sonrieron felices y entonces Don Rogelio se atrevió:

 

—Pues a ver si no nos hacéis esperar los nietos que nosotros dos ya somos viejos y queremos verlos crecer.

  

 —Vendrán pronto, no se preocupen, pero como científico les recomiendo no transmitir ansiedad a Matilde. No hay cosa peor para una mujer que desea quedar embarazada que se ponga muy ansiosa.

 

—Está bien, hijo ¿Y cómo andan tus investigaciones? ¿No te molesta que te pregunte?

 

—No, señor, no me molestan sus preguntas. Tengo varias cosas entre manos, una de ellas es poder llegar a perfeccionar el envasado de alimentos al vacío para que se conserven largo tiempo mientras no se rompa el envase. Sería una mejora extraordinaria en la industria de la alimentación. Pero la investigación científica no es coser y cantar, lleva largo tiempo y a veces hasta se descubren cosas por casualidad. Puedo estar buscando una cosa y encontrar otra. Pero hay que ser muy paciente pues cuando parece que ya está uno cerca de algo, aparece una dificultad y se retrasa todo. A veces es desalentador, pero un investigador debe ser paciente y perseverante. Sin embargo, aunque me lleve años, estoy seguro que un día u otro descubriré algo importante que no sólo me beneficie en dinero sino que beneficie a la humanidad toda.

 

Los tres escucharon a Jesús «el probeta» admirados y embelesados.

 

—Es evidente que nací demasiado pronto para lo muy curioso que soy. En toda mi larga vida no se ha producido cambio alguno y de golpe el mundo parece estar en vísperas de grandes cambios ¿Alcanzaré a verlos? _se preguntó Don Rogelio.

 

—Pues claro que sí y dice mucho en su favor que sea usted curioso. Es síntoma de inteligencia. Hay cosas del futuro que ya puedo adelantarle. El viaje a Alicante que ahora lleva cinco horas por una estrecha y mala carretera que atraviesa todos los pueblos, se podrá hacer en una hora por una ancha pista con tres carriles de ida y tres de vuelta. Tendrá usted el cine adentro de su casa. El hombre podrá viajar al espacio exterior y habrá satélites artificiales que podrán hacer una fotografía de su casa desde 400 km. de altura. Ese cochecito ridículo que anda por ahí y que llaman Biscuter, se convertirá en un poderoso automóvil con aire acondicionado y radio que alcanzará velocidades de más de 200 km. por hora. Un viaje a Buenos Aires en avión que ahora lleva treinta horas con escalas para repostar combustible, se hará en doce horas en aviones gigantes que llevarán cientos de pasajeros y no necesitarán escalas. Llevará usted en el bolsillo un pequeño teléfono con el que podrá comunicarse desde el campo o desde la calle a su casa o cualquier parte del mundo y se podrán trasplantar órganos humanos salvando muchas vidas ya que habrá drogas que evitarán las infecciones. Todo está muy cerca y usted lo verá.

 

Don Rogelio estaba encantado y cuando en el casino le preguntaban a qué se dedicaba su yerno, él respondía ufano, serio y orgulloso:

 

—Es bioquímico, un sabio, se dedica privadamente a la investigación científica y algún día será famoso y se le rendirán grandes homenajes.

 

Jesús «el probeta» llegó al Café Colón, como de costumbre, a compartir un rato de charla con sus amigos del alma. El citado bar tenía un gran espejo en la barra y ya todos sabían que debían reservar una silla de espaldas al espejo. Había caminado desde su casa reflexionando sobre su buena suerte. Ahora tenía una familia y una situación favorable. Había cenado espléndidamente y se iba a sentar con chicos como Rodrigo y Tomás que carecían de todo. Debajo de la fachada de cascarrabias «el Probeta» era un ser muy tierno y encariñado con sus amigos, en especial tenía debilidad por Tomás.

 

—Buenas noches, desgraciados, pobretones muertos de hambre ¿Por qué demonios sigo viniendo aquí en vez de ir al casino con gente inteligente y rica? _se preguntó Jesús.

 

—Tiene usted razón, Don Jesús _dijo Luisito «el corto» que había estrenado chaqueta blanca y lucía de inmaculado camarero.

 

—Luisito ¿Por qué no te callas la boca? ¿Quién te ha dado vela en este entierro? A ver si sabes guardar las distancias y respetar a los clientes _le dijo Vicente con humor agrio.

 

—Sí, sí, a mí no me aguantan ni una broma pero cuando necesitan un café fiado venga Luisito por favor de aquí y venga Luisito por favor de allá

 

—Bueno, muchachos, ¿Qué se cuentan? ¿En qué conversación lúgubre andaban? Esperen un poco. Luis, venga usted para acá.

 

Jesús sacó los tres duros que Matilde le había puesto en el bolsillo e invitó:

 

—Luis, traiga siete cafés que son 14 pesetas y quédese con la peseta que sobra.

 

 —Eso es un caballero, Gracias, Don Jesús, pero le recuerdo que me debe tres cafés.

 

—Se los pago otro día. Lo aprecio mucho a usted y si le pago mi deuda es posible que no lo vuelva a ver. Y no quiero perderlo como amigo. Mientras le deba algo estoy seguro de volver a verlo porque o usted me buscará a mí o yo lo buscaré a usted.

 

—Muchas gracias otra vez, Don Jesús, da gusto tratar con usted. Cuánto tienen que aprender algunas personas. _dijo el camarero mirando a los seis amigos.

 

—Bueno, retomemos ¿De qué iba la charla? _requirió otra vez Jesús.

 

—Pues le estábamos preguntando a Julián por qué quiere ser economista que es una profesión mercenaria a la que se dedican los mercaderes. Un abogado vive de sus clientes y un médico de sus pacientes pero un economista tiene que emplearse necesariamente bajo un patrón que dará órdenes, un Banco, una empresa, etc. Trabajará para algún gran industrial o comerciante. Y el comercio es una forma de robo. Antiguamente los comerciantes estaban en la última escala social y el Islam prohibe los intereses y cosas materiales así.

 

—En primer lugar no estoy de acuerdo con esos conceptos, _rechazó Julián_ un economista puede hacer estudios macroeconómicos que beneficien a todo un país y no necesariamente tiene que trabajar bajo patrón. Pero, además, un abogado o un médico necesitan años para conseguir clientela y yo no puedo permitir que mi madre siga regando nuestro pequeño trozo de tierra en las crudas madrugadas de invierno. No puedo esperar. Aprobando Económicas tendré un buen sueldo enseguida.

 

—Tiene razón _terció Rodrigo_ pero además no sé por qué tú, Javier, le cuestionas que quiera ser economista cuando tú deseas ser juez ¿Habrá disparate mayor? Yo no sería juez por todo el oro del mundo.

 

—¿Y qué tiene de malo ser juez? _replicó extrañado Javier.

 

—Pues no sé si tú te has puesto a pensarlo pero es una responsabilidad tan enorme que sólo un irresponsable, valga la paradoja, se atrevería a ejercer ese cargo. ¿Qué hombre puede juzgar a otro hombre? Tendrás que firmar sentencias condenatorias en las que a veces no habrás tenido pruebas suficientes y te quedarán dudas. ¿Podrás dormir con tu conciencia cuando condenes a un hombre? Yo sólo podría ser juez de sentencias absolutorias.

 

—Pero alguien tiene que hacerlo _insistió Javier.

 

—Sí, pero no te veo a ti en ese cargo _continuó Rodrigo_ no tienes las tripas que se necesitan. Vas a sufrir mucho. A ver, Jesús, tú que eres el mayor y tienes más experiencia ¿Lo ves a Javier como juez? Encima es poeta ¿Habrá algo más contradictorio? ¿Cómo se puede ser juez y poeta? ¿Piensas redactar una sentencia de culpabilidad con una oda amorosa o con un soneto?

 

—No; creo que tienes razón, Javier no sirve para eso. Pero debe ser excitante tener autoridad para condenar o absolver a alguien, jugar a ser Dios ¡Qué momentos!

 

—Entonces, vamos a ver _preguntó Tomás_ si no se puede ser juez ni economista, ¿Qué se puede ser?

 

—Si fueras mujer _dijo Jesús «el probeta»_ te diría que te hicieras puta que es la única profesión decente que conozco. Cuando quieras verdad y justicia visita un burdel y las obtendrás. Si quieres líos, trampas, chanchullos e indecencia entonces anda a la Justicia y habla con jueces y abogados. Hay gente ingenua que siempre tiene ilusiones y esperanzas ¿Cómo hacen? El mundo está lleno de «muestras gratis» de palabras que son cáscaras vacías: justicia, lealtad, honradez, patria, bondad, amor, verdad, etc. Este mundo se está yendo al desastre a toda velocidad, nuestro planeta va navegando al garete y todavía hay gente ingenua que no se da cuenta y sigue con esperanzas en un mundo más decente. ¿No vemos lo que viene haciendo el hombre desde hace 2000 años? ¿Esperanzas, por qué?

 

—¿No eres demasiado pesimista? _preguntó bondadoso como siempre Tomás.

 

—¿Pesimista? Vivimos en un mundo esquizofrénico ¿Te imaginas a los grandes millonarios que son al mismo tiempo ladrones y benefactores? ¿Sabes por qué hacen beneficencia los magnates? Pues porque lo deducen de sus impuestos.

 

—Pero no todo el mundo es así _insistió Tomás.

 

—Todo es basura. Nunca gobiernan las mayorías, lo hace un pequeño puñado de gente inescrupulosa que tiene el poder y lo ejerce con prepotencia y sin moral. Por eso me gusta tanto dormir _siguió «el probeta»_ Dormir es distraerse del mundo, es como morir por un rato. No quisiera desaparecer para siempre pues tengo gran curiosidad por el futuro de este sucio mundo, pero me gratifica abandonarlo todo por unas horas. En verdad os digo que si no estuviérais vosotros yo no hablaría jamás con nadie. Haría con los hombres como con los espejos, les daría la espalda definitivamente.

 

—Pues por si no lo sabés, te aclaro que también de espaldas sos feo _le dijo «el pibe».

 

—Mira, pibe, tengo tres títulos: Bioquímico por la Universidad de Granada, Ingeniero de la Vida y Arquitecto de Mí Mismo; estos dos últimos por la Universidad de la Calle. Los tres títulos ganados a golpes de hambre y de toda clase de privaciones, algunas que ni te las puedes imaginar. Pero ahora soy rico y los ricos nunca son feos.

 

—Vos no sos nada, no existís _lo siguió peleando en broma Osvaldo «el pibe».

 

—¿Cómo dices? Vosotros existís porque existo yo. Soy el sol y vosotros recibís el calor y la vida que emana de mi persona. No tenéis brillo propio, sólo es mi resplandor el que reflejáis. Sois plantas que vivís de mí, como parásitos que os sustentáis con mi sangre intelectual. Mucho debo quereros para soportar vuestra mediocridad. Pero no me quejo, es el duro tributo que debo pagar a la vida por mi miserable necesidad de recibir vuestra admiración y vuestra adulación cada día.

 

—Decididamente sos un delirante y ya no sé si sos un loco o un estúpido _remató «el pibe».

 

—Los que mueven el progreso del mundo son los locos y los estúpidos. Los locos porque son los creadores y los estúpidos porque son los consumidores. En medio están los cuerdos y mediocres como tú que no hacen ni lo uno ni lo otro. No sirven para nada. Tú sigues una ley de la termodinámica que dice que tarde o temprano todo se vuelve basura. Pero tú, pibe, has madrugado mucho, te has vuelto basura demasiado joven.

 

—Bueno, che, basta ya de pavadas. Sos un tipo imbancable _se quejó Osvaldo.

 

—Mira, pibe, vamos a someternos al tribunal del pueblo. Puesto que somos incompatibles, ¿Qué te parece si dejamos que el humilde camarero seleccione al que no deba venir más a la tertulia?

 

 —Estoy de acuerdo.

 

—Luis, venga usted para acá _llamó Jesús «el probeta»

 

—Enseguida, Don Jesús, mande usted.

 

—Mire usted, Luis, aquí Osvaldo y yo somos incompatibles como contertulios y uno de los dos debe abandonar la tertulia. Hemos aceptado de antemano acatar la decisión de usted, ¿Quién debe irse?

 

Y Luisito «el corto», el camarero que había aprendido tantas cosas en la tertulia y le gustaba lucirse hablando «en difícil», sentenció:

 

—A mí me es inverosímil.