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El Cumpleaños

 

—¿Alguna vez pensaste en escribir? _Le preguntó Vicente a Jesús «el probeta».

 

—Sí, pero todo lo que intento me sale demasiado transgresor. Nadie lo publicaría en esta España nuestra del pensamiento único. Además, ya sabes, como dice Tomás, que tengo las obsesiones de la religión y el sexo. De religión todo lo que me sale cuando escribo son diatribas contra esta nueva Inquisición que nos han impuesto. Y de sexo, todo lo que escribo me sale erótico y casi pornográfico. Tal vez podría escribir en Francia o en Suecia pero no aquí.

 

—El erotismo y la pornografía _dijo Rodrigo que hablaba poco_ no está en quien escribe sino en quien lee.

 

Jesús quedó sorprendido por la agudeza de Rodrigo:

 

—Tienes toda la razón. Y no debe interesarnos si es o no pornografía. Debe interesarnos si es arte. Pero de cualquier manera si yo escribiera escandalizaría a toda esta gente timorata. Mi pensamiento y mi corazón son solidarios con el hombre y eso en este mundo equivale a ser de izquierdas. Y por la manera que se persigue a los que son de izquierdas parecería que somos herejes a los que hay que quemar. Parece que ser compasivo con nuestros semejantes fuese un pecado terrible. La generación joven que sólo conoce el fascismo, está educada en el dogmatismo de una sola idea. En estas condiciones ¿Qué podría escribir? ¿Qué España es una, grande y libre? ¿Qué somos una unidad de destino en lo universal?

 

—Quizás somos una unidad de «desatino» en lo universal _acotó Rodrigo.

 

—Hoy estás muy agudo, Rodrigo _comentó Jesús.

 

—Podríamos convertirnos al franquismo como han hecho algunos intelectuales muy conocidos de cuyo nombre no quiero acordarme _dijo Vicente.

 

  —¡Antes muerto! _Afirmó rotundamente «el probeta».

 

—Che, ¿Y por qué vos no escribís de arte? _le sugirió «el pibe» a Jesús_ Hay veces que hablás de arte con conocimiento y autoridad ¿Te animarías a escribir de arte?

 

—No en un sentido ortodoxo. He leído varias historias del arte y no comparto mucha cosas que son generalmente aceptadas como dogmas. Pero para mí el arte es muy intuitivo. No tengo reglas. Confío en mi instinto, si algo me gusta es arte, si no me gusta no es arte. Así de simple. No podría someterme a los cánones reconocidos. Soy muy anárquico.

 

—Quiero insistir en algo que nos ha dejado a todos muy mal _dijo Vicente_ ¿Por qué dijiste que te vas a morir pronto? No se dicen esas cosas a los amigos.

 

—Lo sé y no puedo explicarlo. Pero sería mejor así. Cuando hemos conocido y querido a alguien durante bastante tiempo y se nos empieza a morir, nosotros nos vamos muriendo un poco con él. Todos deberíamos morir de repente, sin aviso.

 

—Si, eso es cierto, pero es que tú nos has avisado.

 

—Tal vez he cometido un error. Pero no preocuparos más por eso que, como dijo el poeta:

 

«...cuando llegue el día del último viaje

 

y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

 

me encontrareis a bordo, ligero de equipaje,

 

casi desnudo, como los hijos del mar.»

 

Jesús «el probeta» hacía días que estaba muy taciturno y ya no bromeaba como siempre era su costumbre.

 

—La semana que viene os voy a invitar a una buena cena en el Hotel Palas. Mi suegro ha tenido una buena cosecha y me ha regalado algún dinero. Me siento rico y deseo compartirlo con vosotros, mis queridos amigos de siempre, de las buenas y las malas. Porque, como dijo Demóstenes, un rico sin generosidad es como un árbol sin fruto.

 

—¡Qué bueno, Jesús! ¿Y qué celebramos?

 

—Mi cumpleaños, cumplo 33 años _y agregó Jesús_ Pero necesito que uno de vosotros haga de intermediario y convenza a Julián de que asista a la cena. Hay que recuperar a la oveja perdida.

  

 —Yo lo haré, somos vecinos _se ofreció Osvaldo «el pibe»

 

En esa conversación estaban cuando se acercó Luis «el corto» a la mesa a escuchar, como hacía de costumbre cuando no lo llamaban de otras mesas. El camarero tenía la virtud de mejorarle el humor a Jesús y éste le preguntó:

 

—Luis, creo que ha crecido usted un poco ¿No lo veis vosotros un poco más alto? ¿Está usted haciendo los ejercicios de elongación que le habíamos recomendado? Ya le dije que los españoles somos una raza especial que crecemos hasta los 35 años, pero debe usted ayudarse con los ejercicios de estiramiento.

 

—Los he abandonado. Ya no hago nada, no me deja la Felisa.

 

—¿Y eso por qué? _demandó «el probeta».

 

Pues porque dice mi Felisa que prefiere estar casada con un enano y no con un imbécil. Y también me dijo que hubiera sacado más provecho si los ejercicios de estiramiento los hubiera hecho con el «peine».

 

—¿El peine? ¿No habrás querido decir con el pene?

 

—Pues sí, eso, con el miembro viril de los caballeros.

 

—¿Sabes que la Felisa es muy lista? _le dijeron entre risas.

 

—¡Hombre, si lo sabré yo que la sufro hace años!

 

—¿Y no sabe domesticarla para que le obedezca en todo y conservar usted el mando?

 

—No puedo, Don Jesús, es muy mandona. Tiene un carácter que no sabe usted.

 

—Pero hombre, si a un animal se lo puede hacer bailar ¿Cómo no se va a poder domesticar a una mujer?

 

—¿Y cómo se enseña a bailar a un animal? _preguntó curioso Luis.

 

—Es muy sencillo _le explicó Jesús «el probeta»_ A un oso salvaje lo meten en una jaula que tiene en el piso una plancha de zinc con una resistencia eléctrica. Ponen un disco con un pasodoble y enchufan la plancha y la calientan. El oso siente el calor y empieza a saltar para no quemarse las patas. Ya lo tiene usted bailando. Todos los días le ponen el pasodoble y le calientan la plancha y el oso a saltar para no quemarse. A los quince días le ponen el pasodoble y el oso se pone a saltar sin que le calienten ya la plancha. Su instinto le avisa que con la música viene el calor en los pies y ya empieza a saltar en cuanto oye la música. Ya está domado.

  

 —¿Y usted pretende, Don Jesús, que yo le ponga a mi Felisa un pasodoble y una plancha caliente bajo las patas? _preguntó asustado Luis.

 

—Pero no, hombre, qué cosas se le ocurren. Lo que quiero decir es que use un método parecido para enseñarla a obedecer.

 

—¿Y cómo hago?

 

—Por ejemplo, cuando le pida usted un vaso de vino y no se lo traiga enseguida, le da usted una buena bofetada. Así diariamente durante unos 15 días. Al cabo de ese tiempo la Felisa le traerá el vaso de vino antes de que usted se lo pida _le instruyó Jesús.

 

—Es un poco tarde _dijo inteligentemente Luis_ Es ella la que me pide algo y me amenaza si no se lo llevo enseguida. Soy yo el domesticado. Me toca la Felisa el pasodoble y ya me tiene usted bailando sin necesidad de plancha caliente.

 

—Lo que pasa _le dijo Jesús- es que usted es medio irresoluto.

 

—Pues sí señor, Don Jesús, llevo medio luto por respeto, que uno es pobre pero sabe respetar. Sólo hace un año que murió mi tío José, hermano de mi señora madre.

 

Todos trataban de aguantar la risa para que no se mosqueara Luis y Jesús siguió:

 

—Luis, no nos terminó de contar usted como terminó su entrevista con el Sr. Juez.

 

—Pues, finalmente, _relató el camarero__ el Sr. Juez me preguntó por mi profesión y le dije que era camarero de primera y Alcalde de Barrio de la Calle Arriba. Y como uno es pobre pero agradecido, le dije que todo mi progreso se lo debo a unos amigos que son universitarios y que se reúnen en la cafetería que yo trabajo. Me pidió que le explicase algunas cosas de las que Uds. me enseñaron y le conté que pongo las tazas de café con el asa a la izquierda o la derecha, según que el cliente sea diestro o zurdo, igual que lo hacen los camareros refinados de París. Y que el Norte está cuesta arriba y el Sur cuesta abajo. Y también le dije que me enseñaron Uds. unos ejercicios de estiramiento para crecer porque los españoles somos una raza especial que crecemos hasta los 35 años.

 

—¿Eso le contaste al Sr. Juez? _preguntó muy sobresaltado Javier_ ¿Y qué te dijo él?

 

  —Pues me pidió la dirección del Café Colón y el horario de la tertulia porque dice que quiere venir, que él no quiere perderse una reunión tan interesante.

 

Se fue a su trabajo el camarero y los amigos se miraron atónitos pensando si no habían ido demasiado lejos con las bromas a Luisito. Pero pronto se despreocuparon.

 

—Es estupendo lo bien que te llevas con tus suegros _le comentó Vicente a Jesús_ Pensar que parecías incasable y hay que verte ahora lo feliz que estás. Parece mentira.

 

—Sí, es así. Yo mismo me sorprendo por el cambio. Creía que el matrimonio convertía a los dos en aburridos y ahora no concibo mi vida sin Matilde, sin mi gordita.

 

—Antes te aislabas completamente. Salvo tu visita al burdel eras un extraño sin ubicación en la tierra. Estabas perdido.

 

—Pues ya ves, ahora pienso que hay que buscar el amor para satisfacer la necesidad de reconocernos en alguien. No os podéis imaginar lo que es esperar un hijo. Pero ojo, amar no es sencillo. Hay que desprenderse del propio yo y apasionarse y fundirse con el yo de tu pareja. Nada se consigue sin poner pasión. Y también hay que saber renunciar a cosas, lo cual no es un síntoma de debilidad. Somos más fuertes cuando reconocemos nuestras debilidades, cuando nos volvemos comprensivos y tolerantes con las debilidades ajenas...

 

—¡Qué sermón, Jesús, qué pesado te has venido hoy! _dijo Vicente.

 

—Lo que pasa es que estás lleno de miedo por tu próximo casamiento. Hablar contigo de la vida en pareja es «nombrar la soga en la casa del ahorcado». Pero _reconoció Jesús «el probeta»_ tienes razón, cuando hablo de mi gordita me pongo baboso.

 

Jesús estaba preocupado por Tomás y le dijo:

 

—Tomás, no sé cómo decirte que olvides a Mariana.

 

—No puedo, estoy muy enamorado _contestó Tomás.

 

—Pero se puede amar racionalmente _le explicó Jesús_ y tú no sabes hacerlo. Todo tu enamoramiento es pura química, te lo puedo explicar profesionalmente. Los suspiros de amor son disnea suspirosa, el deseo sexual es una liberación de hormonas llamadas endorfinas, anfetaminas y dopamina.

 

 Y el aroma de tu amada que tanto te excita es la feromona. Esto es enamorarse. Pero lo que su padre te hará no es química, te va a destrozar si no terminas con esta relación imposible.

 

—¿Podrías tú racionalizar así tu amor por Matilde y dejarla? _preguntó serio Tomás.

 

—No, no podría _respondió Jesús.

 

—¿Y por que crees que yo sí puedo? _razonó Tomás.

 

—Está bien, Tomás, tienes razón, pero este amor te va a destruir. Mírate como estás.

 

En esto vino Luis «el corto» a la mesa y se dirigió a Jesús «el probeta»:

 

—Don Jesús, ayer me quedé pensando en todo eso de las «Cédulas» y los clones. Perdone mi ignorancia pero ¿Por qué tanta complicación científica si yo le hice el amor a mi Felisa y tuvo un niño que todos dicen que es igualito a mí?

 

Celebraron la simpática ocurrencia del camarero pero Jesús no le sacaba los ojos de encima a su entrañable amigo en todo el tiempo y vio que Tomás estaba con los ojos enrojecidos de haber llorado y una tristeza infinita que le hundía los hombros. Estaba sentado a la derecha de Jesús «el probeta» y éste, repentinamente, ante el estupor de todos, le puso una mano sobre el hombro, lo miró largamente a los ojos y le dijo con una voz pausada y profunda desconocida en Jesús:

 

—Tomás, pronto estaremos juntos para siempre.

 

Jesús «el probeta» estaba muy pálido, la nariz afilada y la calva resplandeciente, estaba como transmutado. Se levantó sin decir una palabra más y se retiró caminando lenta y suavemente como si apenas rozara el piso, como si anduviera flotando en el ambiente.