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Los oriolanos en el año 1960

Orihuela es una ciudad que, aunque es provincia de Alicante y está situada en la Región de Valencia, está más cerca de Murcia. Dista aproximadamente unos 55 kilómetros de Alicante y unos 25 de Murcia. La cruza por el centro el Río Segura. Estas narraciones suceden en el año 1960, esto es importante que lo tenga en cuenta el lector, y el agua es de tonos azules o verdes y es muy limpia, salvo que haya llovido en cuyo caso baja en tonos marrones. El agua baja abundantemente por los azudes del Puente de Levante y los domingos, en un ambiente muy festivo en el que todos los oriolanos se ponen su mejor ropa, cortada por los excelentes sastres locales, se toma el aperitivo en la terraza del Hotel Palas, pegado al río. Y también enfrente, en el Bar Zara, sede de tertulias que presidía El Macando, célebre personaje muy ingenioso y divertido. En la puerta del Bar Zara despliegan sus habilidades los lustrabotas y hablan con sus clientes de las cosas de Orihuela y de la vida. Temas nunca faltan pues lo que mejor repartido hay entre todos los oriolanos es la inteligencia y la sensatez ya que todos creen tener la cantidad suficiente de sentido común para opinar de todo y sentar cátedra. Un oriolano, si discute algún tema, jamás le dirá que él discrepa respetuosamente de la opinión de usted. Le dirá que está usted en un gran error y si lo apremia terminará diciéndole que usted no sabe de lo que está hablando. Sin embargo ni un oriolano ni nadie es absolutamente responsable de su carácter. En todo caso somos responsables, y sólo en parte,  del carácter adquirido por la educación recibida y el entorno en el que hemos crecido pero no de los genes recibidos. Nadie puede cambiar su naturaleza.

Del otro lado del puente está la Farmacia de Castaño y enfrente el Bar Marisquería de las Tetas Gordas. Encima de dicho bar vive el gran médico de familia Don Benito Alvarez de la Riva que es soltero y hace prácticamente toda su vida familiar en el Hotel Palas de los hermanos Miguel y José Antonio Poveda, personas también muy ingeniosas que animan sus propias tertulias y son cocineros extraordinarios.

En Orihuela no tenemos prisa en modernizarnos. Tampoco la tiene el Caudillo, el Generalísimo Franco, que  no es un dictador al estilo de otras latitudes que se llevan el dinero a Suiza. Franco, equivocado o no, es un hombre austero que hace vida de monje y que hubiera querido que España fuera un gran convento del Norte al Sur y del Este al Oeste. En realidad a Franco no le gustan los falangistas, los tiene que soportar porque los necesita y los usa, pero él es monárquico y su gran frustración es no tener un hijo varón para hacerlo rey. El Caudillo ha hecho un intento tímido de ser coronado cuando ha puesto en las monedas la inscripción “Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España por la Gracia de Dios” que es una inscripción destinada sólo a los reyes cuya autoridad proviene directamente de Dios, según ellos. No me resisto a contar un viejo chiste de la época. Matías Prat, que era un popular locutor de radio, estaba relatando un partido del Real Madrid contra el Barcelona y cada vez que el balón pasaba cerca de los postes gritaba: ¡Huy, por qué poco! De pronto el locutor baja la voz y en tono grave dice: “Acaban de comunicarnos que ha fallecido de un infarto un espectador llamado Francisco Franco Belmonte.”  Y se oye una voz entre los espectadores cercanos al micrófono que dice: ¡Huy, por qué poco! Pero me he desviado de lo que estaba diciendo, que en Orihuela no tenemos prisa por modernizarnos. Tenemos la cultura mezclada con las tradiciones. Sabemos que después de la Santa Inquisición y del oscurantismo milagrero de la Edad Media, llegó la Reforma, el Renacimiento, la Revolución Científica, el Iluminismo, la Ilustración, el Enciclopedismo y finalmente la Revolución Industrial, pero aún vamos al curandero y sacamos a la Virgen o a San Isidro a la calle en procesión para que llueva. También, a pesar de los medios tecnológicos que existen, dejamos a nuestra vida y al Río Segura en manos de la Divina Providencia.

El paisaje oriolano es precioso desde el citado Puente de Levante pues al encanto del rumor del agua cayendo por los azudes hay que agregar la vista del Seminario Diocesano de San Miguel al final de un camino serpenteado, en la mitad de la montaña, y más arriba el viejo castillo con mucha historia. Detrás hay un monte más alto con la gran Cruz de la Muela visible desde casi toda la comarca.  Debajo del puente y en otros lugares del río hay pescadores con caña que pescan anguilas de buen tamaño y otros peces de agua dulce. Los oriolanos, que así nos denominan a los habitantes de Orihuela, estamos orgullosos de nuestra ciudad, de su río y de sus dos únicos puentes. En las afueras de la  ciudad, en dirección a Alicante, hay otro puente llamado Puente de Hierro que no es para vehículos, es sólo para el ferrocarril. Los dos puentes de la ciudad no resuelven los problemas de distancias que podrían acortarse con otros puentes, pero el Ayuntamiento es pobre. Sus únicos ingresos provienen de una extraña tasa llamada de Rejas, Ventanas y Balcones. El Municipio tiene un padrón con la cantidad de aberturas que tiene cada fachada y cobra una modesta tasa anual por cada abertura. También los bares y los comercios pagan una modesta tasa. Pero el poder político y económico está centralizado en Madrid, no hay autonomías regionales. España es una, grande y libre y el pueblo que no tiene amigos en Madrid está abandonado económicamente. Cada Ayuntamiento debe manejarse como puede pues no se recibe ayuda alguna ni del gobierno central de Madrid ni del gobierno provincial de Alicante. Es una actitud  muy rara, casi incomprensible, pues los oriolanos no pueden nombrar a su alcalde, lo nombra el Gobernador de la Provincia y a éste  el Caudillo, o sea que se centraliza el poder pero en economía cada pueblo se arregla como puede. En Madrid dicen, nosotros retenemos el poder político, ordenamos, y vosotros los pueblos, os arregláis como podáis en lo económico. Así que las calles son de tierra, lo cual tiene su encanto. Sin embargo sin pavimento se puede vivir pero sin comida, sin escuelas, sin hospitales, es muy difícil y para eso no hay dinero. Habrán de pasar decenas de años para que se hagan más puentes, se pavimenten las calles y llegue algún progreso. Pero no llegará la industria porque a los pueblos clericales no les gusta demasiado la industria que trae ruidos y complicaciones con obreros politizados.

Lo más preocupante de Orihuela es su río. Se está agotando, los niveles de las napas descienden y los pantanos se  consumen. Ya nadie discute si la crisis va o no a producirse sino cuándo. Disponemos de menos agua que en la época de los romanos. El agua necesita ser clorada por la cantidad de bacterias que contiene, algunas cancerígenas. Es la consecuencia de que los ríos reciban los desagües industriales y las cloacas con heces de las viviendas. Nos van a envenenar en unas pocas decenas de años.

Quizás en el futuro lo que distinga a los oriolanos entre sí sea el progreso, las ideas, las ciencias, la investigación, la construcción, la tecnología de punta y el modernismo en general, pero esta narración está puesta en el año 1960 y en esta época lo único que distingue a un oriolano de otro es su apellido y su dinero. Seguramente, con el tiempo, en medio siglo más, alrededor del año 2000, se moverán bastante los estamentos sociales de Orihuela y muchos que ahora están abajo, subirán en la escala social. Y otros que ahora están arriba, bajarán. Lo que se viene es un progresismo imparable que será aprovechado por unos más que por otros. Eso hará la diferencia a partir del siglo que viene. Habrá espabilados y dormidos. Lo dice así Piaget, un ilustre psicoanalista: “Uno no sabe lo que ve, sino ve lo que sabe.” Así que habrá oriolanos con los ojos abiertos que progresarán y otros con los ojos cerrados, adormilados de bar en bar, que se detendrán en el tiempo recordando con nostalgia otras épocas. Es inevitable y se me dirá que eso sucederá en todas las ciudades del mundo. Sí, es cierto, pero es que en Orihuela llegamos siempre tarde al progreso y no nos gusta demasiado la movilidad social.

Y ya que he comentado que aún sacamos a la Virgen a la calle para pedirle que llueva como se hacía en la edad media, deseo comentar algo que me he dado cuenta que muchos ignoran. La Virgen María está nombrada 40 veces en el Corán, por lo que es una figura sagrada también para los musulmanes. Pero no está mencionada como la Madre de Dios Hijo sino de Jesús que es considerado uno de los Profetas pero no el Hijo de Dios. Y ya se sabe que en el Islamismo está prohibida la representación de imágenes de personas o animales. Lo cuento porque todo es cultura y el saber no ocupa lugar.

Todos los oriolanos aspiran a tener una segunda residencia en las playas de Los Locos o del Cura en Torrevieja que es un pequeño pueblo cuyos veraneantes en 1960 son en su mayoría gentes de Orihuela y alrededores. Se dice que con los años Torrevieja crecerá mucho y vendrán de toda Europa. También se dice que el municipio de Orihuela desarrollará sus playas del Pilar de la Horadada pero por ahora las playas de Torrevieja son localistas, sin turismo, y en Pilar de la Horadada no hay nada todavía. En Orihuela hay tal cantidad de días festivos por fiestas oficiales y eclesiásticas que los oriolanos, cuando se despiertan, se quedan un momento sentados en la cama tratando de recordar si hoy es día laboral o festivo. Y como cada día festivo, que son muchos, se van a Torrevieja que sólo está a unos 30 kilómetros yendo por la carretera en la que se cruzan los pueblos de Bigastro y San Miguel de Salinas, hay veces que se confunden mientras conducen y ya no recuerdan si están yendo a Torrevieja o regresando hacia Orihuela. Esta confusión se hará más patente cuando haya rotondas en dicha carretera que ahora no hay. Puede ser que cuando algún oriolano se meta en las rotondas que estén entre Orihuela y Torrevieja, se quede adentro dando vueltas sin saber por donde salir. Habrá alarmas en sus familias cuando vean que transcurren horas y quizás días sin saber  dónde están. Y hasta es posible que alguno no vuelva jamás y se quede toda la vida dando vueltas en la rotonda.

Los oriolanos estamos hechos de una pizca de generosidad, otra de ternura, otra de picardía, otra de mala leche que también es necesaria para vivir y otra de locura, pero de esa locura inofensiva compuesta de pequeños desvaríos que no se distingue de la cordura. Agítese esa mezcla y ya tienen ustedes un oriolano. Somos de carácter fuerte, como nuestras mujeres, y está bien que así sea pues, ¿Para qué sirve una persona sin carácter? Los hombres de Orihuela son tozudos y se distinguen notablemente por no gustarles nunca sus autoridades municipales, sean quienes sean y aunque ellos las hayan elegido. Y los Alcaldes se desesperan porque ¿Cómo puede gobernarse un pueblo en el que cada uno de sus habitantes cree que sabe más que Dios? A los oriolanos es fácil reunirnos para discutir una idea pero es imposible unirnos en pos de ella. Somos simpáticos e inteligentes pero también gritones y un poco envidiosillos. Los protestantes y los judíos ganan el dinero sin sentimiento de culpa porque en su cultura es importante ganar dinero, pero los católicos, salvo excepciones, sentimos culpa si nos enriquecemos porque tenemos bien grabado aquello de que “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los Cielos.” Como consecuencia de esa diferencia de cultura un protestante admira al que se hace rico pero un católico lo critica abiertamente y lo envidia secretamente.

Orihuela es una ciudad en la que conviven pacíficamente, sin agredirse, ángeles y demonios. Ya más adelante les contaré algo sobre ángeles y demonios. Nuestros 33 templos católicos cobijan a una heterodoxa pléyade de seguidores de Nuestro Padre Jesús Nazareno al que llamamos cariñosamente “El Abuelo” y se suele decir que es mejor rezarle por la mañana a la hora de las misas matutinas. A los fascistas, que son muy tradicionales, no les gustan las Misas por la tarde pues eso más parece una distracción como el teatro y no una Misa.

Los oriolanos siempre vamos al frente si otro hombre nos desafía aunque sea un grandote pues ningún hombre se come a otro. Pero nos doblegamos como agua mansa ante las mujeres que parecen dóciles mientras son novias pero se ponen armas al hombro cuando son esposas. Las oriolanas son respondonas pero son hermosas, limpias como el oro, muy buenas cocineras y buenas para el amor que no es poca cosa. Además se juntan entre ellas y se divierten y se lo pasan como Dios cuando se quedan viudas. Son excelentes esposas y madres pero no se las llevan por delante los maridos dándoles órdenes caprichosas o autoritarias. Con las mujeres de Orihuela hay que negociar acuerdos pues no admiten imposiciones. Y si algún machista se arriesga a ser un mandón, no le arriendo las ganancias. Y he aquí un aviso para ellas: En Orihuela los buenos maridos rara vez son buenos amantes y los buenos amantes rara vez son buenos maridos. Con que ojo al parche, señoras, que duran más los amores tranquilos que los muy apasionados. Las mujeres de Orihuela son tan fuertes que no tienen término medio. El oriolano siente que está casado con un demonio o con un ángel, depende del trato que ella reciba del marido. A una mujer oriolana la puedes orientar pero no se deja manipular. Atento a esto, caballeros.

¡Y qué decir de las noches oriolanas! Mi querido amigo Vicente, que ama el ocio y que siente correr por su interior una fervorosa sangre oriolana, empezó a gritar una noche como un desaforado en la calle de San Pascual a las 3 de la madrugada: “¡Qué hacéis durmiendo oriolanas y oriolanos! Despertar y salir al balcón o a la calle a gozar de esta noche gloriosa. Las estrellas están al alcance de la mano, la suave brisa acaricia la cara y huele a azahar de los naranjos y a pan caliente de la Tahona ¿Cómo perdéis parte de vuestra preciosa y única vida durmiendo en esta noche tan hermosa? ¡Salir, coño, y vivir, y si tenéis sueño dormir mañana, de día! ¿Os lo impide el trabajo? Pues dejar el trabajo, capullos.” Después un guardia municipal que le dicen el Gallina se lo quería llevar al Retén Municipal pero lo hemos podido convencer de que  Vicente no lleva tanto vino como para semejante castigo.

Pero volviendo a la mujer, no todo tiene que ser belleza y puede conquistar a su hombre no sólo por amor sino también por acostumbramiento. Sí, señora, créame. Cuando un hombre se acostumbra a la compañía de una mujer, ya no la quiere perder. No preocuparos tanto, hombres y mujeres, de enamorar a vuestra pareja. Es mejor tratar de acostumbrarla a vuestra presencia. ¿Qué cómo se consigue esto? ¡Es más antiguo que la tierra! Ser una persona ingeniosa, tener buen carácter, ser divertidos, no poner cada de enfadados por una cosa pequeña, saber perdonar y sonreír, poner algo de astucia para que tu pareja no se aburra. El aburrimiento es el peor enemigo de la pareja, saber ceder un poco e ir al cine en vez de al fútbol o viceversa, saber estar solos, saber ser amigos. Hay parejas que parecen enemistados, siempre con mala cara. ¿Creen que la pareja no pueden ser amigos? Están equivocados, se puede y se debe porque la amistad dura más que el amor. Una persona bella que es aburrida nos cansa muy pronto. Y cuando digo no aburrir no me refiero a que sea un payaso o payasa que siempre esté contando chistes sino a que sepa conseguir esa chispa necesaria de buen carácter para vivir con alegría. Es triste entrar a un restaurante o un bar y darte cuenta enseguida de quienes son marido y mujer, muy serios, o quienes son amigos que lo pasan bien juntos.